0h, búho Fisce! No podría ser ésta hora más digna. La Luna de Hízor se muestra celosa, y las estrellas de la amistad completan su círculo por el espacio. ¡Oh sí!. ¿Cuántos reyes cedieron sus causas por vivir estos destellos? ¿Cuántos nobles?
Nunca se sabrán los dominios y los secretos de la luz, que a todos obligan y a todos inquietan, pero lo cierto es que se apelmazan mis sentimientos al comprobar que lo mejor está por llegar.
Es claro, lo temía: primero fue la pureza; después fue el signo. Sin embargo, la mente se despereza y es justo preguntarse: ¿qué es la pureza? Lo pensaré: la pureza es la búsqueda del bien común entre dos o más partes. De tal manera, que si una de las partes no es pura, no se produce la interlocución.
Parece que fue ayer cuando me inicié en el arte de la adivinación. La circunstancia de los astros era un misterio que hacía latir mi corazón, así que pronto empecé a imitar el modo de los primeros estudiosos.
Mis salidas a los montes cercanos me ofrecían una visión del cielo próxima a la belleza.
Mis salidas si hicieron frecuentes, pero lejos los libros de la Biblioteca que es leyenda, donde descansaron los tomos de Munfás Loasé en espera de alguien que los entienda. ¿Dónde situar la ilusión en el mapa de las esperas?
Mis viajes llegaron a mil y mi experiencia descubrió un alma experta. No cambiaría la luz de aquellas noches ni por un vino de reserva.
De lo que ocurrió en los márgenes del camino, en torno a las hogueras encendidas sabrán los juglares y los buscadores de oficio. Aunque si hay algo cierto en el viaje es que la tormenta no conoce a sus hijos.
Al revés. Gélido, en el lugar de las amanecidas, hice promesa de estudio en el arte de lo desconocido. Los arcanos que esconde la Historia no son ciencia para niños, pero Pepín Sandía es fuerte como un torbellino. ¿Por qué esperar a que se seque su piel?
Los ojos no mienten. Son los primeros destellos de un libro que está en camino, y así como la luna de Hízor mueve los mares, el caudal de luz sanará mi juicio.
Es hora de la definición y del retiro. Es hora de colegir la fragmentación de los inicios en aras de un fin mayor: la comprensión del sacrificio.
Nunca hubo tanta identidad entre un título y un libro. Nunca tanta ilusión por la lengua, ni tanto mensaje escondido. Nunca hubo tanta intención, ni tanto niño agradecido.
Sin más deseo que la suerte me despido; en espera que una nueva historia me venga a buscar y dé comienzo otro inicio.





