El Santo recibe en su ermita a un grupo de residentes en el CETI que, junto a dos monitoras, aprovecharon para conocer más de cerca la tradición de la ciudad en la que están viviendo
Cuando aún no calentaba demasiado el sol, las puertas de la ermita de San Antonio permanecían abiertas a la espera de una visita muy especial: inmigrantes llegados de varios puntos del continente africano que tras una odisea, tocaban suelo ceutí y eran alojados en el CETI donde tratan de conocer de cerca todo lo que conlleva compartir un trozo de su vida en esta tierra con estas gentes. “Para nosotros significa mucho que hayan mostrando interés en acudir a conocernos y que allá donde vayan, lleven consigo este recuerdo y muestren lo que han aprendido”, explicada el hermano mayor de la Cofradía de San Antonio, Carlos Orozco.
Acompañados de la integradora social Rocío Álvarez y la monitora de Educación para la Salud, Mª José Guil, los visitantes no perdieron detalle de cada una de las explicaciones que Orozco daba sobre el protagonista de la visita. “Se sabe que nació entre 1190 y 1195 y que murió en 1230”. Cuentan además, que pese a su relativamente corta vida, la intensidad y gran ayuda que mostró siempre ayudando a los pobres hizo que se le nombrara santo tan sólo un año después de morir. San Antonio llegó a Ceuta de mano de los portugueses que en 1593 levantaron la ermita dejando constancia de su obra en los colores del altar, que representan los de la bandera del país luso. También se detienen, durante la explicación, en la parte en la que se cuenta que el lugar en el que se encuentran, sirvió de hospital para salvar la vida a muchas personas que además tuvo que ser quemado entero para evitar infecciones cuando dejó de usarse como tal. Orozco recorrió pasado, presente e incluso futuro, invitándoles a participar en la romería que cada año reúne a sus fieles con el santo “para darle gracias y que es una fecha muy importante para los ceutíes”.
Desde el CETI, se planteó además completar la actividad con el recorrido que realizan todos los ceutíes, ya que tras la visita, regresaron al centro bajando por el Parque de San Amaro “e incluso nos acercaremos al muelle de pescadores que nos han pedido ellos mismos que se lo mostremos y que refleja también algo tradicional en esta tierra”, explicaron las monitoras. Lali lleva tres meses en Ceuta y habla español haciéndo incluso de intérprete para sus compañeros. “me ha gustado todo, la verdad y es algo muy bonito que diremos al resto de compañeros cuando volvamos al CETI que tienen que conocer”. Junto a ella, Arnold. Viene de Camerún y también habla bien español aunque lleva ya ocho meses. “Es mucho tiempo y me gusta aprender aunque hay momentos duros en los que la fe te ayuda a sobreponerte”.
La fe, “una cosa muy importante para nosotros”
Así lo reconocen tras haber contemplado al santo y haber orado junto a él. La mayor parte de los que acudieron son cristianos, pero hubo además una musulmana, que recién llegada a la ciudad, no quiso perderse la posibilidad de conocer más acerca de su actual lugar de acogida. Todos reconocen que la fe es muy importante en sus vidas ya que “si no la tuviéramos, el dolor no sólo psicológico, sino físico, sería también más complicado de llevar”.No la pierden y cultivan cada día.
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