El reparto de alimentos se ha convertido en una de las imágenes más repetidas en Ceuta. En las naves del Tarajal conviven hombres, mujeres, niños y niñas que llegaron a la ciudad durante las entradas masivas y que ahora permanecen a la espera de saber cuál será su futuro.
Hasta allí se ha desplazado El Faro para conocer de cerca el trabajo que desarrolla la ONG Luna Blanca.
La entidad comenzó a repartir comida en su propia sede el pasado 31 de julio y mantuvo este servicio hasta el domingo.
Posteriormente, el sistema de atención cambió y la asociación dejó de realizar allí los repartos, aunque continúa prestando ayuda en otros puntos de la ciudad.
◼️ El reparto de alimentos se ha convertido en una de las imágenes más repetidas en Ceuta. En las naves del Tarajal conviven hombres, mujeres, niños y niñas que llegaron a la ciudad durante las entradas masivas y que ahora permanecen a la espera de saber cuál será su futuro
— El Faro de Ceuta (@ElFarodeCeuta) August 14, 2026
El reparto de comida en las naves del Tarajal se ha llevado a cabo a las 15:00 horas a través de 5 miembros de Luna blanca y bajo la protección de la Policía Nacional, que además de ofrecer seguridad a la zona indicaba a todas las personas que aguardaban en cola el itinerario que debían seguir.
Eran cientos de niños, niñas, jóvenes, hombres y mujeres los que esperaban para recibir un táper de comida caliente.
La portavoz de Luna Blanca, Halima Ahmed, explica que la organización mantiene actualmente una intensa labor humanitaria.
La asociación colabora con diferentes espacios habilitados en barriadas como La Reina, Príncipe Alfonso, Ferrocarril y Los Rosales, donde se han creado lugares seguros especialmente para mujeres y niñas.
En total, Luna Blanca asegura que gestiona una media de más de 2.700 comidas diarias, además de atender a alrededor de una treintena de familias directamente desde sus instalaciones.
La comida que se ofrece busca cubrir una necesidad tan básica como fundamental: un plato caliente. Lentejas, crema de habas o arroz con pollo forman parte de los menús que se preparan para quienes necesitan asistencia.
Cuando los recursos lo permiten, el reparto se completa con fruta, yogur y pan. Cuando no hay posibilidad de incorporar estos alimentos, se entrega igualmente el plato principal.
En las naves del Tarajal, donde se concentra un número importante de personas, la organización se enfrenta además a una dificultad añadida: la enorme demanda.
Ahmed relata que basta con que unas pocas personas comiencen a solicitar comida para que en cuestión de segundos se forme una multitud.
“Te piden comida, no te piden nada más”, resume la portavoz, que reconoce que uno de los momentos más duros se produce precisamente cuando los alimentos se terminan mientras todavía quedan personas esperando.
La responsable de Luna Blanca reconoce que la situación está afectando también psicológicamente a quienes trabajan sobre el terreno.
“Nosotros lo estamos pasando mal psicológicamente”, explica Ahmed, que habla de una situación marcada por la tensión y, sobre todo, por la incertidumbre.
La posibilidad de que la situación se prolongue durante semanas aumenta la preocupación de quienes están prestando asistencia.
El trabajo de Luna Blanca va mucho más allá de entregar un plato de comida. La asociación también realiza curas, acompaña a personas al médico, facilita duchas y ropa y presta apoyo psicológico y orientación.
Una parte importante de esa labor consiste simplemente en sentarse y hablar con quienes permanecen en Ceuta. Muchos preguntan qué pueden hacer o qué les aconsejan ante una situación que no comprenden y que, en muchos casos, está muy lejos de las expectativas que tenían al llegar.
Ahmed insiste en que no todas las personas tienen la misma historia. Como ejemplo, relata el caso de una mujer cuyo hijo padece una enfermedad y que habría llegado a Ceuta buscando una solución médica que no encontraba en su país.
Además de las naves del Tarajal, la asociación también asiste a varios asentamientos improvisados de inmigrantes. En algunos de ellos predominan mujeres y menores que buscan un espacio donde sentirse seguros.
Ahmed también denuncia que algunas personas estarían aprovechándose de la necesidad de quienes han llegado para cobrar cantidades elevadas por espacios donde dormir o por productos básicos.
La situación ha obligado a las asociaciones a redoblar esfuerzos mientras los recursos son limitados y deben seguir dando cobertura a las familias más necesitadas de Ceuta.
Luna Blanca mantiene su compromiso de continuar proporcionando alimentos y asistencia mientras sea necesario.
La escena que se repite cada día es sencilla no es agradable, son personas haciendo cola para recibir un plato caliente, voluntarios intentando organizar el reparto y una demanda que supera en ocasiones la capacidad disponible, y todo esto en un escenario precario y rodeado de olores insoportables debido a la falta de higiene.
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