Desde que el mundo es mundo, la manzana ha venido a representar el fruto transgresor, es decir, el pecado. Se la comieron nuestros primeros padres (“ otro mordizquito, les diría la escurridiza serpiente, si está muy buena...”) y a partir de ellos, miles de miles han hecho lo mismo y por lo mismo. El poder les ha cegado y en esa obnuvilación que parece desprenderse de su bocado, el hombre echa por tierra toda una vida. ¡Vaya con la manzanita, tan dañina bajo la apariencia de tan apetitosa! Le pasa igual al plátano. No todos lo digieren bien. Dominique Strauss-Kah, que pretendía ser nada menos que futuro presidente de Francia, intentó hacerse con la manzana y que le ayudaran con el plátano. ¿Le pusieron el frutero como trampa?. Es el argumento que siempre se baraja cuando estos “braguetas locas” les da por ponerse a dieta de frutas.
De otros fruteros y de otros comefrutas sí tenemos fotos y hasta largometrajes, algunos hasta manipulados. Aquí la imagen que se ha difundido es, exclusivamente, la de Dominique, el sátiro; y la de su tercera esposa, consentidora de los devaneos del marido y recaudadora de ese millón de dólares de la fianza. La perfecta casada para cierta clase social, acostumbrada a hacer trampas en estos juegos de mus. De la víctima sabemos que se llama Ofelia (a la gente de color les gusta los nombres shakesperianos, aunque no se hayan leido al inglés), que para los decadentes era el arquetipo de “mujer-agua”, frente a la “mujer-fuego”, representada por Salomé. Ofelia, según parece, es musulmana de religión, de origen guineano, casada y con una hija; además conoce el idioma galo .También andan diciendo que en su taquilla del hotel había una foto del fauno agresor, entregada por la dirección al servicio de habitaciones para que el huesped fuera tratado con las mayores finuras.
El cortometraje del escandaloso suceso ha sido contado de diversas maneras. Nosotros, no obstante, lo hemos imaginado así: el macho cabrío, es decir, Dominique, se está duchando y al melodioso canto de “Summer Time” que entona la mulata cuando entra en la habitación, el ricachón sale del baño como Adán. Es el momento que Ofelia (cofia y delantal blancos sobre la piel negra) ya ha empezado a pasar el cepillo por la suite de tres mil euros, y queda estupefacta ante el peludo animal.. Desconocemos si hubo preliminares mercantiles (no olvidemos que se trata de un poderoso banquero) o si él fue a tiro hecho. Lo cierto es que no se demoró la lucha, el forcejeo-según ha apuntado el hermano de Ofelia –y una persecución por el pasillo del Sofitel, como Apolo tras Dafne. Ella , gritando y llorando (lo haría de manera alternada) y él, como el Hércules de Ginés (tiene cierto parecido en su rostro), tapándose las verguenzas, quizás con la almohada, o con la cofia que le arrancó como trofeo a la doncella... Mientras corren, Dominique le ofrece un piso en Manhattan (aquí hubiera sido la avenida de la Constitución o en el Pueblo San Antonio); un puesto fijo de azafata en el barco que enseña la ciudad desde el Huddson; y una beca para que su hija fuese a Bolonia y después difundiera por Estados Unidos lo mamarracho del famoso plan universitario que lleva su nombre. De nada le sirvió tan apetitosas ofertas. Ofelia llora y grita cada vez con más agudos y Dominique, al borde del colapso, se detiene y con voz clara se le oye decir : “¡Qué mamón he sido!”. Si hubiera existido en aquel instante un coro, a la manera griega, habría repetido : “¡Mamón, Mamón, Mamón!, como nos llamaba don Rafael Navarro cuando fallábamos en la primera declinación. También estoy completamente seguro que por la mente de este zafio varón, vicioso de prepotencia, pasarían otros violadores célebres, como los enanitos de Blancanieves, Holofernes el de Judith, los babosos viejos de Susana, Sansón, el de Dalila (aquí fue posiblemente a la inversa) , Clinton, el de la becaria; y los Kennedy de Monroe. La lista sería interminable. Todos ellos y todas ellas, en efecto, fueron grandes comedores de manzanas, no importa si del tipo royal. golden, fuji o granny. ¡Ay, las manzanas! Saben que están prohibidas en las cenas, l menos eso recomendaba una tía nuestra. Produce insomnio. ¿Y saben donde ocultan el germen del pecado?, pues precisamente en esas pepitas del corazón, las mismas que se han puesto de moda para prevenir infartos o para retrasar la menopausia.
Concluyo: episodios como este de monsieur Dominique, nos están diciendo a gritos que el hombre aún lleva la selva dentro y que a poco que nos descuidemos, seremos esclavos del kamasutra de los gorilas....
Con todo, lo que yo pienso es que a este Dominique, por cierto, creo que es medio judío, se le fue el freno de la líbido,como a otros muchos se le va el pipí a causa de la próstata; pero atreverse a hacerlo en el pais de Obama, donde tienen a la Biblia como código moral, o de falsa moral, merece, por encima de otros calificativos, el que le denominemos MEMO. Estaremos atentos a cómo termina. Por lo pronto, algún comentarista americano ha sugerido, pues lo han querido justificar como de lasciva enfermedad, que lo capen y que el colgajo lo coloquen en la antorcha de la estatua de la Libertad para “aviso de navegantes”.





