Llega el día de los inventos. Porque estas fechas internacionales que marcamos en los calendarios no son más que puros inventos sustentados en concretos intereses. ¡Cómo una sociedad supuestamente avanzada, desarrollada, igualitaria no iba a tener un Día Internacional de la Mujer! Pues eso. Esa mezcla de promesas, manifiestos, propuestas y premios integran una jornada que se vive, cada año, de forma compulsiva, con una agenda cada vez más preñada de actos. Ya no se da solo un premio, ni se hace solo un acto, ni se prepara un único manifiesto. Todos tienen que coparticipar de un día que en la práctica no deja de ser pura fantasía.
Las mujeres lo sabemos y hasta lo asumimos, pero no por conformistas sino porque nos cansamos de seguir en la lucha. No hay igualdad plena. Nunca la habrá desde el momento en que se castiga a la mujer con un sueldo inferior, desde el momento en que ser madre se convierte en una penalidad en la amplia mayoría de empresas que consideran la fertilidad una lacra. Parece que en el currículum se valorara positivamente ser menopaúsica para que el ávido empresario no tenga que contar el número de posibilidades que existe en tu vida de quedarte preñada. Porque, fíjense, traer hijos al mundo (hijos como esos machos con mando) parece que nos quita capacidad, que nos hace inferiores, que nos imposibilita para seguir en la brecha. Y en esas estamos. Y en esas seguimos, aunque celebremos cada 8 de marzo ese día D que nos recuerda que no, que somos iguales pero no se tiene como tal.
¿Saben que se valora más en nómina a un hombre que a una mujer?, ¿por qué siempre al lado de una directiva tiene que haber un hombre que le hace sombra?, ¿por qué sigue imperando el dominio infantil de un par de pelotas a la hora de contratar mujeres? Dominio infantil de un par de pelotas de un macho que se fijará más en la delantera de la fémina que tenga que poner en nómina antes que en otras cosas. Y sí, en esas seguimos. En que se nos mire como seres débiles, en que seamos objeto de comentarios que nada tienen que ver con nuestra valía personal sino con comentarios de barra de bar, en que aún topemos con esos seres prehistóricos que en un foro público nos menosprecien sin que obtengan la oportuna reprimenda.
Hoy es nuestro día, dicen. Pero la gran mayoría de mujeres tendremos que seguir haciendo malabarismos para hacernos valer por lo que somos, para conciliar lo que el sistema no nos permite, para sacar adelante cada día sabiendo que tenemos el doble de trabas que los hombres. Triste, pero así es.





