El secretario general de la Confederación Española de Polícia, Domingo Nofuentes pone el grito en el cielo por el nuevo vehículo quemado a un compañero, en este caso a un integrante del SAF que participó en la grabación de la reconstrucción judicial celebrada el pasado miércoles. Por ello dice: “Ya llegan casi a la media docena. En los últimos tiempos los miembros del Cuerpo Nacional de Policía se han convertido en diana de las represalias de los criminales . Antes lo fue la policía local y ocasionalmente algún guardia civil. La quema de coches de los miembros de las fuerzas de seguridad alcanza ya trazos de epidemia en esta ciudad. Y no se trata de actos aislados de gamberrismo de algunos chavales inadaptados, como algún político ha tenido la osadía de tildarlos. A nuestro juicio son estrictos actos de terrorismo. Terrorismo, si. Porque estas acciones deben de ser calificadas jurídicamente como genuinos delitos de terrorismo. El artículo 577 de nuestro vigente Código Penal no exige que su autor o autores pertenezcan a una “organización” o “grupo” terrorista sino que basta con que el atentado vaya dirigido a “subvertir el orden constitucional o alterar gravemente la paz pública o a contribuir a estos fines, atemorizando a los habitantes de una población o a los miembros de un colectivo, social, político o profesional […] o llevaren a cabo cualesquiera delitos de incendios, estragos, daños[…]”.
Además menciona el máximo responsable de este sindicato en nuestra ciudad que “algunos entendidos denominan tales acciones como “terrorismo de baja intensidad” (¿Podría entenderse acaso una violencia de género de baja intensidad?). También, desde este sindicato, nos damos cuenta de que esta cuestión es fruto de muchas causas e hija de muchos padres. Pero más allá de las calificaciones sociológicas o políticas, a nuestro juicio se trata de episodios de terrorismo. Y lo es sin adjetivos. Así las cosas, parece claro que con los indicios que conocemos, la quema de vehículos a policías, no se debe a represalias concretas contra alguna actuación determinada o afrenta puntual y personalizada, sino que se trata de una estrategia más general y dirigida a coaccionar y amedrentar a los policías en el legítimo ejercicio de sus funciones (en algún caso estos hechos ya han provocado la petición de traslado). Tratan así con sus acciones violentas de aterrorizar a unos y dar una llamada de atención a otros ( los vecinos se lo piensan dos veces antes de aparcar su coche junto al nuestro)”.
Desde su punto de vista el tema daría para llenar varios folios y resulta “obvio que habría muchísimo más que decir sobre este tremendo asunto, pero para concluir y no extendernos demasiado solo nos queda desear, mientras las investigaciones siguen su curso, que como consecuencia de tales hechos nunca tengamos que lamentar daños personales, porque esas pérdidas son las que siempre resultan verdaderamente irremplazables”.





