De pollo, verduras o marisco. Cualquier ingrediente servía para poner el toque de distinción a las paellas que cada uno de los participantes en el ‘I Concurso de paellas entre hermandades’, que ayer se celebró en el auditorio de la Marina, cocinaban parar optar a los mejores puestos en el ranking del mejor plato tan típico para un domingo o una ocasión especial.
Las hermandades del Medinaceli, Triunfo y San Antonio se alzaron como las vencedoras a juicio de un jurado que degustó cada una de las paellas presentadas a concurso. Un jurado que estuvo integrado por profesionales del mundo de la hostelería ceutí y, por supuesto y para garantizar la imparcialidad del resultado, sin ningún tipo de vinculación con la hermandad del Rocío, artífice de este certamen que tiene como objetivo recaudar fondos para su nuevo simpecado.
Al concurso tenían cabida todas las hermandades y cofradías que quisieran optar a alguno de los premios otorgados: trofeo y medallas para los participantes, además de una medalla de oro de la Virgen del Rocío para la titular de la hermandad.
Un premio especial se dedicaba a la paella mejor decorada, el mismo que se llevó la cofradía de la Amargura que, a juicio del jurado, fue merecedora por el esfuerzo decorativo que derrochó en decorar este plato.
Sobre las doce del mediodía, los concursantes se afanaban en poner el mayor de los empeños en conseguir la paella que resultara más apetitosa al paladar de los integrantes del jurado y que le hiciera alzarse con uno de los premios.
El tiempo dio una tregua para la preparación de tan delicioso plato y los concursantes pudieran esmerarse en ofrecer lo mejor de sí mismos como cocineros ya no sólo para quedar lo mejor situado en el concurso, sino también para conseguir el favor de los paladares de los ceutíes que se congregaron en el auditorio para pasar un domingo degustando la diversidad de paellas allí ofrecidas.






