La situación acontecida en Jumilla invita a una seria reflexión sobre las tensiones provocadas por la misma clase política que debe estar más interesada en resolver problemas y en ejercer una adecuada gestión que en provocar enfrentamientos absurdos.
Ceuta da un ejemplo de lo que es respeto y convivencia, viviendo con normalidad los distintos actos religiosos de cada cultura. En el caso de la comunidad musulmana, los rezos colectivos desarrollados en espacios abiertos, antes en Loma Margarita; después en Colmenar.
En Jumilla se ha hecho todo lo contrario, generando una crispación insana para provocar vetos sin sentido que no causan más que un enrarecimiento entre vecinos de distinta confesión religiosa.
El futuro pasa por esforzarnos en convivir, no en hacer todo lo contrario.
Nuestra ciudad se ha convertido en un claro ejemplo del respeto y eso se ha conseguido con la implicación de todos. Y no solo de respeto sino de interés en aprender las diferentes culturas conviviendo con ellas, porque solo así se sabe y se comprende, antes de lanzar opiniones absurdas sobre tradiciones o costumbres ajenas.
Las felicitaciones mutuas y la participación en los diferentes actos de relevancia se llevan en Ceuta con tanta normalidad que quizá la ciudadanía no se dé ni cuenta del bien tan preciado que se ha conseguido cuidar en esta tierra, espejo de lo correcto en el que se deberían ver otras.
Asistimos a un agosto en el que se habla de Jumilla y no precisamente para bien, sino por lo contrario a lo que se debe ser.







El “nùmero” importa. Y hay mucho gili que no lo sabe.