Durante horas dentro de un contenedor. Así se tiene a los inmigrantes que intentan cruzar a nado a Ceuta y no pueden ser rechazados al momento en frontera porque Marruecos impone un horario incluso para aceptar a sus propios nacionales. La decisión no puede ser más equivocada, confusa y cuestionable se mire por donde se mire. No es aceptable que esta sea la única alternativa posible sino que además sea la admitida por todos.
A un problema político, que evidencia una clara imposibilidad de resolución inmediata, se añade otro práctico en cuanto a quién será señalado como responsable si sucede alguna incidencia grave.
A nadie le puede parecer normal que una infraestructura más propia de una obra se esté usando para tener horas y horas a personas cuyo país de origen solo los acepta en horario de supermercado. A nadie le puede parecer normal que un contenedor sea el lugar elegido para encerrar a los interceptados.
Choca que esa anormalidad se disfrace de la única alternativa posible y se asuma como tal por parte de todos los que permiten que día tras día se haga empleo de las instalaciones para ese fin. No es que sea una práctica clandestina, es una medida conocida por las administraciones sin que en ningún momento se haya cuestionado su mantenimiento en el tiempo.
¿Son los guardias civiles los encargados de solucionar un problema diplomático?, ¿quién responderá de esta orden si dentro de ese contenedor ocurre alguna incidencia? Son cuestiones básicas a las que se debe dar una respuesta si se opta por seguir dando esta imagen tan tercermundista, inhumana y de dudosa legalidad como es la de meter a personas dentro de un contenedor de obra hasta que Marruecos considere oportuno admitirlas. Hay decisiones que son un auténtico disparate. Esta es una de ellas, arrastrada durante meses, cuestionada con miedo, permitida por todos los que de una u otra forma apadrinan que se siga realizando.






