Esta tarde comienza un puente festivo para muchos ceutíes, comienza el particular éxodo caballa protagonizado por ciudadanos que quieren aprovechar los días de fiesta fuera de nuestra ciudad, bien en la península o bien en Marruecos.
Es mayor el número de los que marchan que el de los que regresan. De hecho la balanza, cada año, se inclina más por esa sensación de que Ceuta se queda vacía. Se nota incluso en las procesiones, el seguimiento es muchísimo menor.
Tampoco se consigue cubrir este vacío con la llegada de turistas porque no tenemos nada que ofrecerles: no hay actividades, no existen ferias, no se programan alternativas a las propias de la Semana Santa para conseguir una atracción de turismo del vecino país que puede encontrarse con menos trabas en la frontera.
No es que todos los años pase lo mismo, es que cada vez es más evidente ese vacío contra el que nada se hace para conseguir que, al menos, la balanza esté equilibrada.
Sostener que los caballas tienen la obligación de quedarse en su tierra es una estupidez, cada uno es libre de buscar el descanso y la desconexión donde le plazca; el error mayúscula radica en no saber buscar fórmulas, alternativas, inyecciones turísticas de calidad para satisfacer a los que se quedan e incluso cautivar a los que se animan a disfrutar y conocer esta ciudad.
Pasará cada año, veremos si somos capaces de anteponernos con el tiempo suficiente a la visión fantasmagórica que nada le conviene a una Ceuta que tiene uno de sus pilares en los visitantes.
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