Hay momentos en la vida de una ciudad en los que quedarse en casa deja de ser una opción neutral. Este domingo es uno de esos momentos. Ceuta lleva semanas resistiendo una crisis que ha desbordado sus calles, sus barrios y su capacidad de aguante, y esta tarde, a las ocho, en la Plaza de la Constitución, se decide algo más que la asistencia a un acto: se decide si esta ciudad habla con una sola voz o si, una vez más, deja que su silencio se confunda con resignación.
No hace falta compartir todas las siglas, todas las banderas ni todas las creencias para entender lo que está en juego. Da igual el credo, el origen o el color político de cada uno: lo que hoy se defiende en esa plaza es Ceuta entera, y Ceuta entera es la que tiene que estar. Quien piense que esto no le afecta, que ya irán otros, que su ausencia no se notará entre miles, se equivoca. Cada hueco vacío en esa plaza es un argumento menos para quienes tienen la obligación de escuchar y no lo están haciendo.
Llevamos semanas de advertencias no atendidas, de cifras discutidas, de promesas aplazadas y de una sensación, cada vez más extendida, de que esta ciudad está sola frente a una crisis que la desborda. Esa soledad no se combate con paciencia ni con resignación: se combate con presencia. Se combate llenando una plaza hasta que resulte imposible ignorarla, hasta que la imagen de miles de ceutíes juntos viaje más allá de esta ciudad y llegue a quien tiene la responsabilidad de actuar.
El Faro de Ceuta, este grupo de comunicación que reúne también a elfarodeceuta.es, a Faro TV y a Cope Ceuta, lo tiene claro: hoy toca estar.
No como espectadores de lo que hacen otros, sino como parte de lo que somos todos. La unidad que se ha construido esta semana entre comunidades, entidades y vecinos de procedencias distintas es, quizá, lo único verdaderamente nuevo y esperanzador de todo lo vivido en las últimas semanas. Desperdiciarla por comodidad, por calor o por desánimo sería un error que esta ciudad no puede permitirse.
Ceuta no pide nada extraordinario. Pide seguridad, recursos y una respuesta proporcional a lo que ha sufrido. Pide, sobre todo, no sentirse abandonada. Y esa exigencia solo tiene fuerza si se sostiene con cuerpos, con caras y con voces reales en la Plaza de la Constitución, no con adhesiones cómodas desde el sofá.
Por eso lo decimos sin matices: hoy hay que estar. No es una opción entre varias, es la única respuesta a la altura de lo que esta ciudad necesita. Ceuta no se rinde, pero necesita que quienes la quieren lo demuestren esta tarde, todos juntos, en la calle.
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