Ceuta no se rinde, Ceuta está unida y tiene fuerza. Por eso, cuando la lastiman es capaz de ponerse en pie como ninguna otra ciudad. Y eso es, precisamente, lo que la convierte en una tierra distinta, mágica y especial.
A Ceuta se la defiende porque se la quiere, porque es el lugar que ha sido testigo del paso de cuantiosas generaciones y quiere seguir siendo el cobijo de las venideras. Algo bien sencillo de entender, la querencia de un pueblo por su pueblo, por sus tradiciones, por su historia, por su vida en paz con sus raíces y su seguridad intactas.
Este domingo miles de ceutíes demostraron lo que aman Ceuta. Salieron a la calle para unirse en una sola voz y gritar que Ceuta no se vende, que no está hundida y que jamás será vencida.
Allí estaban todos: abuelos, bebés, familias al completo, representantes de las distintas culturas que han hecho de esta tierra algo diverso, un ejemplo ante el resto. Todos ondeando la bandera de Ceuta, también la de España. Vecinos que quieren seguir viviendo tranquilos, respetándose, avanzando en común, invirtiendo en esta tierra, mejorándola y mimándola como futuro para nuestros hijos que no tienen por qué vivir con miedo, con recelos o con dudas sobre si el Gobierno de España les protegerá cuando sea necesario hacerlo.
La sociedad caballa lleva días soportando mucho dolor, arrastrando una sensación de abandono, sintiendo que algo está fallando y que ese algo repercute en las vidas de miles de familias que tienen aquí su hogar, que están criando a sus hijos a este lado del Estrecho, en esta tierra que marca, en este lugar mágico que enamora.
Esta Ceuta, la de todos, se ha sentido abandonada. Y lo peor, se ha sentido arrinconada sin saber a qué obedece una situación que nos ha dejado la ciudad patas arriba. De un día para otro, miles de marroquíes cruzaron el espigón para dejar en el camino muertes y tragedias, ocupando además una ciudad, violando su frontera.
A la ausencia inmediata del presidente del Gobierno de todos los españoles le siguió una hilera de visitas que no estuvieron a la altura, asegurando una normalidad que una semana después de esa avalancha no ha regresado. Esto es imperdonable, no se puede seguir manteniendo una ciudad con esa sensación de inseguridad o descontrol día tras día.
Por eso Ceuta, esta tierra rica, salió a la calle movilizando a miles de personas con el mismo lema en común: seguir unidos, sentirse orgullosos de ser españoles y reclamar al Estado una implicación absoluta y ambiciosa en una Ceuta que necesita más que nunca una atención constante que va más allá de visitas ministeriales, inversiones o números.
Hay que garantizar a la ciudadanía, a esos padres y a esas familias, que Ceuta está segura, que tiene su protección inmediata, que esa emoción que compartimos es la que nos está manteniendo unidos, sabiendo cuál es el camino que debemos seguir.
Ceuta no se vende, se gritaba este domingo. No es que no se venda, es que además es la tierra en la que muchos españoles de este lado del Estrecho quieren formar su pequeño mundo con el mismo orgullo que sus padres. Es la tierra de todos. Una tierra que se merece mucho más de los que está recibiendo.
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