El concierto ofrecido en el Revellín por antiguos alumnos del Conservatorio de Música simboliza que a veces en el mundo real también hay resquicio para el hechizo
Si siete fueron los antiguos alumnos del Conservatorio Profesional de Música de Ceuta que participaron anoche en el concierto organizado en el Teatro Auditorio del Revellín, siete veces gracias habría que dar, una gratitud para cada músico, una venia por el sueño vivido con cada pieza interpretada.
Con una representación y puesta en escena austera y elegante; sutil y necesaria; queda y onírica, los siete músicos consiguieron calentar el alma a los presentes. De tal modo, una a una pieza, el ambiente se fue cubriendo al son de Syrinx, de Debussy, que la interpretó Tamara Jiménez Regén, flauta; Sonata en sol menor para viola de gamba BWV 1029, de J.S.Bach, a cargo de Enrique García Galera, cello y Álvaro Mur Rodríguez, piano; Movimiento del concierto para violonchelo en mi menor Op.85, de E.Elgar; por Enrique García Galera, cello; y Álvaro Mur Rodríguez, piano; Sonata para viola, cello y clave Op.5 nº8, de A.Corelli, preludio Allemanda, Saraband y Giga, por Rubén Jiménez Regén, viola, Celia Morales Yáñez, cello y Guita Badammal Sunderdas, piano; Impromptu nº1 en Re M para piano y viola, por Patricia Pérez, piano; y Susana Huertas Suárez, viola; y Sonata No. 2, Op. 35, de F. Chopin, por Álvaro Mur Rodríguez, piano, todas ellas piezas y músicos que, como si, en efecto, de un sueño se tratara, se fundían con suavidad desembocando en un mismo lugar: donde habita la magia.
Ante este panorama, seguido por un público sensible, tarea ardua, acaso colindante al imposible, es destacar a uno sólo de los músicos si bien memorables fueron las actuaciones de Guita Badammal, Álvaro Mur o una emocionante Patricia Pérez, perfecto símbolo de que, a veces, sólo a veces, en el mundo real hay un resquicio para el hechizo.







