Del ayuno durante el mes de Ramadán están excluidos los niños, las mujeres embarazadas, las personas ancianas y también los enfermos. Pero no siempre los pacientes, quienes están aquejados de alguna dolencia o siguen tratamientos farmacológicos, siguen a pies juntillas las recomendaciones de su médico. “Nosotros podemos aconsejar, pero al final es el usuario sel que tiene la última palabra”, explica a COPE el doctor Guillermo Isasti, cardiólogo en el hospital universitario e investigador principal del ensayo clínico multicéntrico internacional sobre pacientes musulmanes con diabetes tipo II durante Ramadán en el que está participando el Ingesa en Ceuta.
Lo cierto es que la población musulmana cada vez está más informada y conoce mejor los riesgos de un ayuno tan prolongado, especialmente en los meses de verano, donde suele durar una media de doce horas. Por eso suelen acudir al médico en las semanas o días previos al Ramadán para preguntar, especialmente cuando se trata de pacientes o personas con salud delicada. “Se acercan a consultar su caso y según su situación clínica les hacemos la recomendación en uno u otro sentido, pero ellos tienen siempre la voluntad de decidir”. En el mejor de los casos, el médico accede a cambiar medicación y ajustarla a los nuevos horarios nocturnos de comida, pero hay muchas otras veces que abiertamente se les explica que hay un riesgo importante, por ejemplo, para quienes estén aquejados de patologías cardiacas. “Hay que ser muy cautos. A estos pacientes les decimos que no deben hacer el ayuno, que tienen cardiopatías que son incompatibles con doce horas de ayuno, sin ni siquiera beber agua y que corren riesgo de deshidratación, como tampoco a personas con una diabetes que no esté muy controlada, porque tienen un alto riesgo de hipo e hiperglucemia”, añade Isasti.
Desde hace cuatro años, el Ingesa organiza en las semanas previas al ayuno, charlas para los usuarios en los centros de salud, generalmente se contacta con aquellas personas en tratamiento, fundamentalmente los diabéticos y se les proporciona toda la información sobre los riesgos asociados a sus dolencias. “Estamos muy satisfechos de sus resultados porque tiene una gran aceptación entre la población musulmana y es muy demandado cuando se acerca Ramadán”, explica Menana Hossain, DUE y una de las tres educadoras en diabetes con las que cuenta el Ingesa en Ceuta. Este tipo de actuaciones ha propiciado además que durante este mes sean menos las entradas en Urgencias debido a usuarios que ayunan pese a ser incompatible con su tratamiento. Por regla general, y tras haber consultado con su médico, el paciente musulmán que se encuentra en tratamiento suele seguir las recomendaciones del facultativo, aunque siempre hay excepciones: “Doctor, yo lo voy a intentar dos días y si me encuentro mal lo dejo”, algo que para el médico no deja de ser un riesgo, que en ocasiones es muy importante. “Se les informa, se les explican bien los riesgos y se les recuerda que por religión están excluidos de ayunar, pero es su decisión”, recuerda por su parte Isasti, quien apunta que el colectivo que menos caso les hace suele ser el de las personas con mayor edad y que siguen los preceptos religiosos con más rigor, “aunque hay que decir que son situaciones excepcionales”.
“Todo depende de cómo expliques las cosas”, añade por su parte Menana Hossain, quen recuerda que a sus pacientes con diabetes tipo I, “directamente les digo que no lo pueden hacer y lo aceptan, saben que se pueden estar jugando la vida”.
Además de las charlas informativas, Ingesa también organiza talleres “en los que enseñamos a comer durante Ramadán, porque en ese mes es una alimentación completamente distinta”, explica. El ayuno se rompe con dátiles, harera y algunos dulces, “y cuando le enseñamos la cantidad de azúcar que ingieren se llevan las manos a la cabeza”. Cirrosis metabólica, trombosis o deshidratación son los riesgos más importantes, pero cada vez más, la salud se impone a la tadición religiosa.






