La disfunción eréctil ha dejado de ser un tabú para millones de hombres, aunque todavía muchos se muestran reacios a afrontarla y acudir al urólogo. Mantener una vida sexual plena es clave para el bienestar personal y de la pareja, por lo que reconocer el problema y abordarlo a tiempo resulta fundamental, especialmente cuando existen soluciones eficaces y seguras al alcance del paciente.
El doctor José Manuel Fernández Montero, jefe del servicio de Urología del Hospital Quirónsalud Campo de Gibraltar, recuerda que los pacientes no están solos: “La disfunción eréctil es frecuente; uno de cada dos hombres entre los 40 y 70 años va a padecerla. Su incidencia aumenta con la edad, pero no es un proceso normal del envejecimiento y debe consultarse, ya que es tratable. Acudir al urólogo es el primer paso”.
Entre las causas de la disfunción, el especialista distingue entre factores físicos, los más habituales, y psicológicos. En el primer grupo destacan los problemas de circulación (hipertensión, colesterol, diabetes), enfermedades neurológicas, déficit de testosterona, efectos secundarios de determinados medicamentos y cirugías previas, especialmente de próstata, además del consumo de tabaco y alcohol.
En cuanto a la disfunción de origen psicológico, el doctor señala el estrés, la ansiedad, la depresión o los problemas de pareja, indicando que este tipo es más frecuente en hombres jóvenes, mientras que con la edad predominan las causas físicas.
Cuándo ir a consulta
El urólogo recomienda acudir a consulta cuando la disfunción se prolonga más de tres meses, afecta a la vida sexual o emocional, aparece de forma progresiva o sin causa clara, o cuando el paciente padece diabetes, enfermedades cardíacas o ha sido sometido a cirugía pélvica. En este sentido, advierte que la disfunción eréctil puede ser una señal temprana de problemas cardiovasculares, por lo que no debe minimizarse.
La mayoría de los casos de disfunción se tratan con medicación oral, inyecciones locales o dispositivos de vacío. Sin embargo, en situaciones graves —como diabetes avanzada, lesión medular o cirugía radical de próstata—, o cuando los tratamientos conservadores no funcionan o se busca una solución definitiva, la cirugía es una alternativa segura y eficaz.
El tratamiento quirúrgico más eficaz es el implante de una prótesis de pene, que puede ser semirrígida o hidráulica. Estas últimas son las más utilizadas, ya que ofrecen un resultado más natural, permitiendo erección y flacidez mediante un sistema de bomba. En casos de disfunción severa, las prótesis de tres componentes son las más recomendadas por su mayor naturalidad y alto grado de satisfacción para el paciente y su pareja.
El especialista concluye que las prótesis modernas permiten una vida sexual plenamente satisfactoria, insistiendo en la importancia de romper tabúes, reconocer la disfunción y consultar al urólogo cuanto antes para mejorar la calidad de vida y la salud general del paciente.






