La diputada no adscrita, Fatima Hamed, se ha equivocado. Si ese error lo ha cometido con convencimiento, creyendo en lo que dice, entonces la gravedad del asunto es mayor puesto que significa que ese discurso trasnochado y acomplejado forma parte de su tarjeta de presentación.
A estas alturas de la vida política, con unos cuantos kilómetros a sus espaldas, la señora Hamed, criticada recientemente por el portavoz del Gobierno, Emilio Carreira, no puede descolgarse con eso de: “No quiero pensar que Carreira me ataque porque yo sea mujer o musulmana”. Pero sí, lo hizo, echando mano de un juego victimista que, hoy por hoy, apesta. Y es así porque nadie en su sano juicio haría este tipo de aseveraciones, a estas alturas, salvo que se carezca de recursos, nadie saldría con semejantes patrañas salvo que el estandarte que pretenda lucir Fatima Hamed de cara a la próxima contienda electoral sea ése, el de que ‘todos están contra mí’ porque ‘soy musulmana y mujer’. Ese estandarte es muy peligroso porque se empieza con frases de este tipo y se termina presentándose como la heroína atacada por ser quien es, que termina, con mentiras, captando a determinadas masas con una lenguaje sectario, marcado por la existencia de brechas que, aunque no existan, ella misma las crea.
No señora Hamed. Usted tiene una trayectoria suficientemente reconocida y tiene su propia profesión en la que es respetada para que venga con salidas de este tipo, más bien propias de un recién llegado a escena que busca mensajes peligrosos para captar determinado electorado.
A las críticas vertidas por Carreira, usted le tendrá que contestar con otras críticas a la misma altura. Ni con mensajes de este tipo que sabe perfectamente que son falsos, ni publicando cartas en las que no publicita los nombres y apellidos que, con valentía, debería hacer. Que usted crea en lo que dijo, que realmente piense que un político, la cara visible del Gobierno, le pueda criticar porque es musulmana y mujer es tan rebuscado, tan ridículo pero a su vez tan peligroso que simplemente demuestra que está buscando unas metas equivocadas. Ojalá haya sido un patinazo. Ojalá.





