La forma de cocinar, los hábitos o la dieta de una persona están marcadas por la cultura. Aunque parezca una afirmación al aire tiene, en realidad, su base científica detrás. Al menos así lo afirma la tesis doctoral impulsada por Pascual Brieba, enfermero que ejerce su labor en el área sanitaria de Ceuta.
- ¿Qué es lo que puede aportar este estudio a la comunidad científica?
-Es importante ahondar en ello porque existen diferentes elementos culturales, como, por ejemplo, las veces que se come fuera de, cómo se relacionan las personas entre sí que influyen en la adherencia al tratamiento de la diabetes. Es un concepto que puede hacerse extensible a otras enfermedades como la hipertensión arterial o a las cardiopatías. El análisis trata de ver si hay aspectos dentro de la cultura que determinar esa cuestión y, en general, cómo se maneja la afección.
-¿Qué es lo que le motivó a escoger este tema?
-Lo cierto es que lo único que más me llamó la atención de este tema fue, sobre todo, es saber cómo se da la adherencia del tratamiento en este sentido. Esta no se traduce solo a tomar bien las pastillas o ponerse el pinchazo, sino a otras cosas que hacen que esta enfermedad crónica sea más llevadera para el paciente en la vida diaria y que conllevan a desarrollar menos complicaciones en el futuro.
"Si alguien tiene un exceso de azúcar y se se la coloca, pero no hace deporte, no consigue quemarlo"
No solo consiste en tener un seguimiento de las recetas. También están otros factores que están ahí o no que repercuten. Uno de los condicionantes más evidentes es el ejercicio físico. Es casi tan importante como ingerir fármacos o inyectarse insulina. Si alguien tiene un exceso de azúcar y se la coloca, pero no hace deporte, no consigue quemar esos niveles de azúcar. Al fin y al cabo, esa sustancia es combustible para el cuerpo.
-El contexto cultural, ¿qué papel tiene en todo esto? ¿Cómo incita o aleja de un hábito o factor?
-Por ejemplo, la forma de cocinar es un elemento cultural diferenciador dentro de nuestra ciudad autónoma. No en todas las comunidades se hace de la misma manera. Eso podría ser uno de los motivos a evaluar. Puede que alguna cultura que tenga más afinidad con el deporte que otra. El trabajo realizado en la tesis doctoral buscaba valorar ese tipo de elementos.

- ¿Qué resultado es el que más le ha sorprendido?
-Dentro de las conclusiones que se han sacado cabe destacar que, como se hizo en la consulta de diabetes de atención primaria del Ingesa, quedaron representadas en el estudio las dos culturas mayoritarias de la ciudad. Lo que observó es que el control de la glucemia, es decir, el grado de cómo avanza la enfermedad en toda la población local, estaba, al menos en ese periodo de 2024, dentro de los márgenes de la diabetes permitidos por la Sociedad Española de Nutrición.
Estaba justo ahí, al límite, pero dentro de lo bueno, no del marco negativo. Si estaba marcado en siete y medio, la ciudad llegaba justo al siete y medio. Esto es una vía para ver cómo se puede mejorar esos resultados y, si se repite alguna vez el estudio o se progresa en esta misma línea de investigación, cómo hacer que, en lugar de sacar un siete y medio, se logre un siete. Cuanto más se controle la afección, menos problemas se presentan en el futuro y menos complicaciones tendrá el paciente. Eso va a tener una incidencia positiva en la calidad de vida del usuario.
-El estudio concluye que tiene más peso lo cultural que lo económico. ¿Cómo se dio cuenta de eso?
-El factor sociocultural es tan amplio y abarca tanto que, a fin de cuentas, el socioeconómico es solo una pequeña parte del primero. La cultura no es más que un sistema de valores, creencias, comportamientos y formas de vivir que se transmite de generación en generación y que identifica a cada grupo. Dentro de todos esos elementos el aspecto financiero es una pequeña parte de todo eso.
"Se ve en este trabajo que el factor económico repercute, pero no es el que más afecta en este sentido"
Las consultas en la literatura científica revelaban, en la mayoría de los casos, una relación entre una mala adherencia al tratamiento con unos bajos ingresos. Se ha visto en este trabajo que sí, que es así, pero no es lo que más afecta a ello.
-¿Existen perfiles concretos vinculados a un positivo o negativo seguimiento del tratamiento?
- No hay un perfil claro a través del que se detecte que alguien va a ser un incumplidor del mismo o que sí lo va a abordar. No hay un patrón cerrado porque hay muchos factores que repercuten. La educación es uno de ellos. La formación académica, según los resultados, indica que los pacientes universitarios tienen mejor adherencia al tratamiento que los que no lo son.
Los diabéticos que no cuentan con este nivel de instrucción en Ceuta reciben talleres sobre cómo manejar la enfermedad, cómo administrar la medicación, cómo hacer el conteo de carbohidratos en la comida y cómo hacer un plan de ejercicio adecuado.
Pienso que, en las comparaciones de otros autores se da esta relación entre estudios. Sin embargo, en este análisis la cantidad de personas universitarias era menor que en el resto esas que hemos visto. A pesar de eso, la adherencia al tratamiento era mejor.
¿Cómo es posible que en Ceuta la gente que no tiene un grado también siga bien las pautas clave? Consideramos que es porque se les imparten esos dos cursos que les ayudan a controlar la diabetes de forma más clara.

-¿Existe algún que otro ejemplo que se haya detectado?
-El apoyo familiar también es un elemento protector. Es decir, si una persona diabética cuenta con esto, tiene más posibilidades de alcanzar una buena adherencia al tratamiento y, por lo tanto, lograr un mejor control de su afección respecto a las que no poseen ese respaldo.
¿Por qué mis compañeros y yo pensamos así? Porque esta puede colaborar con el paciente en sus cuidados ya sea recordándole cuando debe ir a las revisiones, so toma las pastillas o ayudándole a mantener hábitos saludables. Por ejemplo, si no le gusta ir a caminar y a su lado está una persona a la que sí le agrada, juntos finalmente a hacen esa actividad en lugar de desplazarse con el coche.
-¿El tipo de trabajo del paciente tiene un impacto en cómo hace su tratamiento?
-Más que eso, sí que es cierto que afecta al control de la glucemia. Esto es así porque la insulina se genera en ciclo circadiano. No es lo mismo que trabajar solo por la mañana que hacerlo a la noche. Si un horario ‘normal’ permite controlar el desayuno, el almuerzo y la cena, los que hacen nocturnidad tienen que tomar algo cuando se encuentran más débiles. Todo eso incide en ello.
-Antes mencionó formaciones que reciben pacientes de diabetes en Ceuta. ¿Se logra concienciar al usuario sobre la enfermedad?
-Creo que sí. El estudio que se ha hecho tiene un corte transversal, lo que significa que es una foto del momento en el que se hizo. Si se tuviera una de hace 10 años y se buscara el periodo en el que no había esa instrucción, se podría comprobar si esas clases son efectivas o convenientes. No se puede asegurar porque no se cuenta con ese historial del pasado, pero, creo que es preciso resaltar que los indicadores obtenidos en el análisis señalan que de forma indirecta esos talleres permiten obtener mejores resultados.






