Ceuta, como otras muchas ciudades españolas, acogió ayer la celebración del Día de las Fuerzas Armadas (DIFAS). Sin embargo, en pocos municipios o regiones de nuestro país se vive y se siente una cercanía al espíritu tan fuerte. Sólo en Melilla, donde la historia de la ciudad hermana suma innumerables episodios protagonizados por el Ejército, ese sentimiento es tan grande.
Ocurre así fundamentalmente por dos motivos. En primer lugar, porque el día a día de las dos ciudades autónomas ha estado muy vinculado durante años a la actividad que en ambas plazas han desarrollado las Fuerzas Armadas. Y como consecuencia de ello, la proximidad entre la población civil y el mundo militar ha sido muy grande en Ceuta y Melilla. Fruto de este conocimiento mutuo, surge la convivencia, la comprensión y la admiración hacia la labor que realizan nuestros militares.
El acercamiento entre estos dos ambientes es un camino recorrido y conocido desde siempre en ambas ciudades autónomas. En cambio, en otras poblaciones de nuestro país es un objetivo que aún está por cumplir y que permitirá no sólo percibir al militar como un miembro más de nuestra sociedad, sino conocer y valor como merece el trabajo que llevan a cabo en la defensa de nuestro país y a favor de los intereses de nuestra nación en las distintas acciones que llevan a cabo en el extranjero nuestras Fuerzas Armadas.
El Ejército tuvo ocasión ayer de sentir que es una institución respetada y querida en Ceuta, precisamente en una de las ciudades donde mejor se conoce la actividad que llevan a cabo nuestros militares. Es evidente que a medida que este conocimiento se extienda por la totalidad del país y en especial por determinadas regiones, el Ejército continuará ganando prestigio como una de las instituciones mejor valoradas en general por el conjunto de nuestra sociedad.
Ayer las Fuerzas Armadas vivieron un día de celebración que gran parte de la población de Ceuta sintió como suyo.






