Demasiado poco pasa. Cuántas veces habremos escuchado esa frase nada más conocer la publicación de un accidente de tráfico. Demasiado poco sucede en una ciudad en donde hay quienes se pasan las normas por donde todos sabemos, generando una inseguridad en las calles sin importarles el daño que puedan provocar en los demás, porque en ellos mismos se ve que poco les importa, mucho menos si se llevan a un inocente por delante.
Lo que se ve por las noches es escandaloso. Vehículos que circulan a toda velocidad, carreras que se llevan a cabo ocupando el sentido contrario de la vía, persecuciones sin temor a lo que uno se pueda encontrar...
Eso sucede ya en cualquier punto de Ceuta en donde tienen lugar carreras sin temor a nada porque saben que gozan del amparo de la escasa o nula vigilancia.
Hay zonas especialmente peligrosas porque afectan a núcleos residenciales, incrementándose el riesgo. No les importa, se llevan a cabo carreras o se bajan cuestas sin freno, apurando al máximo sin reparar con quién se pueden topar.
Las fuerzas de seguridad están tan ajustadas, tan al límite, que incluso hay días en los que la ausencia de patrullas debería ser llevada al juzgado por el riesgo que se provoca en la población.
No se repara en la importancia que tiene este asunto, en el descontrol que se está permitiendo y en las consecuencias que todo esto puede tener. Quienes incurren en estas prácticas son auténticos delincuentes porque con su acción irresponsable están provocando un daño potencial en los demás. Delincuentes crecidos por ese descontrol permitido ante la ausencia de acciones más duras y efectivas.






