Mohammed B., un joven residente en la ciudad fronteriza de Castillejos, al otro lado de la frontera entre Ceuta y Marruecos, es uno de esos inmigrantes que quiso cruzar a nuestra ciudad y que, tras ser interceptado, termina en un autobús, alejado del norte, de su lugar de residencia, para ser protagonista de una deportación a modo de castigo.
En un vídeo subido a redes sociales, el protagonista de estos hechos narra cómo se encuentra viajando en autobús a Chichaoua junto con un grupo de amigos que habían intentado el cruce a Ceuta.
Las autoridades locales los apartan a unos 700 kilómetros de sus hogares y, tras un largo viaje nocturno de unas 10 horas, los abandonan. En sus manos queda el buscarse la vida para poder volver a su casa. Durante todo ese periodo, sus familias no saben dónde están ni tienen noticias de su paradero.
Vídeos en redes sociales para documentar lo sucedido
Mohammed publicó dos vídeos que él mismo grabó durante este arduo viaje: el primero dentro del autobús que lo llevaba de Chichaoua de vuelta a su pueblo en el norte, y el segundo después de ser abandonado en esta lejana ciudad tras su arresto en el paso fronterizo de Bab Sebta, el lado marroquí de la frontera.
En los dos vídeos, Mohamed se queja de lo que describe como el "duro trato" que sufrió a manos de las fuerzas marroquíes, que lo detuvieron a él y a sus compañeros mientras intentaban nadar hacia Ceuta.
Mohamed muestra parte de la ropa que llevaba, que estaba rota, algo que atribuye a "quienes lo detuvieron".
"Nos trataron como si no fuéramos humanos"
Añade con enojo: "No cometimos un delito que merezca semejante castigo. Nos trataron como si no fuéramos humanos. Me obligaron a subir al autobús con la ropa mojada y viajé todo este camino desde Fnideq (Castillejos) hasta Chichaoua con la misma ropa".
Las críticas a los métodos empleados por las autoridades locales de Fnideq y M'diq (Castillejos y Rincón) para tratar a los inmigrantes indocumentados continúan sin cesar.
“Solo quería una oportunidad para vivir una vida digna… Intenté llegar a Ceuta, pero las autoridades me detuvieron. El trato fue duro: golpes, humillaciones y palabras hirientes… Después me subieron a un autobús y me trasladaron lejos de mi ciudad y de mi familia, a Agadir y Ouarzazate. Esto no es un camino hacia la justicia, esto es represión e injusticia. Todo lo que queríamos era una vida mejor, no sufrimiento”.







Poco me parece.
marruecos vulnera los derechos humanos castigar un ciudadano con deportarle fuera de su hogar es inaceptable.