Hace tiempo que se cargaron la política de protección del patrimonio de esta ciudad. Les da igual todo, arrasan con la historia que debíamos mantener protegida para posteriores generaciones. No pasa nada. Están ‘autorizados’ para ello.
La demolición parcial de la Comandancia de Obras es un ejemplo. Las máquinas llegan, empieza a llevarse por delante parte de un bien protegido y no pasa nada. Ahora llega la denuncia, pero ya es tarde, como todo.
Así, poco a poco, han ido aniquilando la historia. En nada se caerá lo que queda del pabellón de las Heras porque se ha promocionado ese punto y final. Lo mismo, tiempo al tiempo, ocurrirá con el pino bicentenario de Calamocarro y ojo, lo veremos, con el castillo de San Amaro.
No hay querencia ni respeto por el patrimonio, llegan las máquinas, se comen edificios con protección y luego se piden respuestas a lo que ya no tiene solución.
La historia no se respeta, ¿qué ciudad vamos a dejar?, ¿un caos arquitectónico sin nada que admirar?, ¿verán nuestros hijos la Ceuta que fue solo en los libros y las charlas que se promocionen?, ¿a qué obedece tantísima dejación y olvido por un patrimonio que debiera ser intocable?
La excusa la tenemos: peligro ciudadano, riesgo de derrumbe… La consecuencia: la invasión de las máquinas. Y así con todo.
Las entidades y asociaciones alzan la voz, pero de nada sirve porque, me da la impresión, hay un amparo hacia este tipo de prácticas. Hay un consentimiento, una querencia, una protección a seguir haciendo las cosas mal. Ya hemos perdido demasiado y lo poco que queda lo terminaremos perdiendo.
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