Como profesora en Ceuta, me siento profundamente vulnerable e inerme ante esta supuesta “normalidad” que nos quieren hacer creer. La realidad es que no contamos con ningún tipo de apoyo por parte de los responsables de educación.
Tanto el alumnado como el profesorado deberíamos poder acceder a nuestros centros educativos sin el constante riesgo de contraer enfermedades contagiosas que, además, pueden transmitirse fácilmente a nuestras familias.
A esta amenaza sanitaria se suman las posibles agresiones físicas sufridas de camino al centro, lo que incrementa la sensación de desprotección y miedo. La violencia y el riesgo constante en los desplazamientos hacia el colegio no pueden ser parte de la rutina diaria de nuestra comunidad educativa. Esta situación genera una sensación de desamparo absoluta y pone en evidencia la necesidad urgente de medidas eficaces que garanticen la seguridad sanitaria y física en el ámbito educativo. Ante la inacción de las autoridades, es imprescindible convocar una huelga que nos permita hacernos oír y defender nuestros derechos, así como los de nuestros alumnos, hasta que se implementen soluciones reales que protejan a toda la comunidad educativa. ¡Unámonos, manifestémonos y hagamos valer nuestra voz hasta lograr un entorno educativo seguro, digno y libre de violencia!






