Opinión

De la estación de ‘El Portillo’ a la línea de fuego

Para el lector quizás el título del articulo no le diga nada, pues se trata de la estación de ‘El Portillo’ de ferrocarril en Zaragoza, la más importante en aquella época, de donde salió la Compañía de Ametralladoras ‘Belchite 57’ a los territorios de Ifni en diciembre de 1957. Nada más desembarcar en Ifni, el primer destino fue la primera línea de fuego, donde el soldado José Luis Aranda Gracia iba a ser protagonista con su capitán, ya que era el enlace de lo que es la guerra en vivo y en directo, donde asimiló la que un intelectual escribió: “un soldado debe saber vencer el dolor y la melancolía de las pasiones”.

El enlace del capitán Ezquerro

Admiro a hombres como José Luis Aranda Gracia, nacido en Alfajarín (Zaragoza), por su honestidad y sentido del honor. Él recordaba que nada más ingresar voluntario en el Regimiento de Ametralladoras ‘Belchite 57’, un mando que conocía a su familia y que ya sabía que una compañía de dicho regimiento iba para Ifni, el mencionado mando le dijo que iba a hacer lo posible para que se quedase en Zaragoza. Tras escuchar esto, estuvo dos días que no dormía, pensando que sus compañeros iban a Ifni y él se quedaba en Zaragoza. Tras pensarlo fue a dicho mando y le dijo que no podía permitir que otro compañero fuese por él, por lo que solicitó voluntario ir con sus compañeros a Ifni.
La compañía ‘Belchite’ con destino a Ifni la mandaba el capitán Julián Ezquerro Navas y la componían entre mandos y soldados un total de 120 hombres, siendo el enlace del capitán Julián Ezquerro Navas el entonces soldado José Luis Aranda Gracia. El capitán Ezquerro nada más presentarse como su enlace lo primero que le dijo antes de partir a Ifni fue: “toma esta pistola por si en algún momento tienes que hacer uso en tu defensa”.
El día de las despedida en la estación de ‘El Portillo’, abarrotada de público en gran parte familiares de los soldados, había mucha emoción, lágrimas de los padres, hermanos y alguna novia. Allí fue cuando José Luis Aranda, al abrazarse con su padre en la despedida le dijo: “hijo a ver si no tengo que avergonzarme de ti”. El tiempo sería testigo que, efectivamente, fue al contrario, se sintió orgulloso de su hijo en los meses de guerra en Ifni. De allí se trajo lo que más honra a todo soldado, que en su expediente conste ‘¡valor acreditado!’.
Las vivencias del entonces soldado José Luis Aranda Gracia en los seis meses de su estancia en las trincheras fueron muy duras, sin apenas entender lo que allí se vivía. Una guerra con todas sus consecuencias. Hoy, desgraciadamente, solo la recuerdan los expedientes de los que allí combatieron, algunos libros y artículos de prensa, y en algunos casos destacando todo lo negativo culpando al anterior Régimen, pero ignorando o también ocultando el heroísmo de aquellos jóvenes soldados. Y así lo afirman el abogado Carlos Canales Torres y el historiador Miguel del Rey Vicente, que así lo describen: “fue una guerra silenciada y casi olvidada de la memoria y de sus libros de la historia, en la que centenares de españoles dieron su vida, la mayor parte soldados de reemplazo, de los que casi dos centenares no regresaron jamás. Su recuerdo y lo que hicieron no debe olvidarse jamás, aunque lo hayan hecho los ingratos gobiernos y la falta de memoria de sus compatriotas”.
Cierto lo que tan magistralmente dijo un prestigioso y gran hombre en la Cámara de los Lores que refleja a estos soldados lo que allí dejaron, “no tengo nada que ofrecer más que sangre, sudor y lágrimas” (Winston Churchill).

Regreso a Zaragoza sin bajas

La Compañía de Ametralladoras ‘Belchite 57’ en los meses que permanecieron en Ifni puede afirmarse con rotundidad, tal como dice el refrán, “en todos los fregados”, muchas veces eran agregados secciones o pelotones de ametralladoras y morteros lo mismo a Tiradores de Ifni, la VI Bandera de La Legión o paracaidistas del Ejército de Tierra, siendo muy elogiados por los distintos mandos por su heróico comportamiento y gran heroísmo.
Tan solo citar la orden de operaciones de la 3ª Sección de Estado Mayor del Gobierno General del África Occidental Española (LM3), que cita la Compañía de Ametralladoras ‘Belchite 57’ procedente de la Agrupación Táctica del Sur, cuando haya alcanzado la línea indicada de la ida de la maniobra. La misión era organizar y defender el Centro de Resistencia ‘D’, que emplaza los siguientes puestos a guarnecer: ‘Cota 257’ de Sidi Mohamed Ben Daud, Vota al este de ‘Ait Ifrd’.
De nuevo, en otra orden de operaciones del Estado Mayor 3301-A, en el apartado 3º cita, dos secciones de ametralladoras de ‘Belchite’, los cuales se presentarán a la VI Bandera de La Legión para llevar sobre la pista de Biugta a la altura de la ‘Cota 218’, cruce de Sidi Mohamed Ben Daud. Ello ratifica que la Compañía ‘Belchite’ tuvo una intensa actividad en las operaciones contra las Bandas Rebeldes del Ejército de Liberación Marroquí, y en su comportamiento fueron felicitados por mandos militares, que incluso un capitán legionario afirmó: “ya quisiera yo tener bajo mi mando a soldados tan valientes como los de la Compañía ‘Belchite’”.
Hoy, después de 60 años siento admiración y orgullo de conocer a soldados de la compañía ‘Belchite’, como José Luis Aranda Gracia (Q.E.P.D.), Eduardo Clavero Brun, Lamberto Valien Ferrer, Miguel Martín Bernal y demás componentes de la Compañía de Ametralladoras ‘Belchite’. Todos ellos recuerdan con nostalgia especialmente los días de guerra donde lo que recogieron fueron sangre, sudor y lágrimas, aunque ellos no tuvieron bajas, solo heridos, si vieron morir a otros compañeros teniendo que tragarse muchas veces las lágrimas.
El entusiasmo de estos soldados, especialmente del que fue cabo, Eduardo Clavero Brun, durante varios años se reunían en una comida de hermandad con sus esposas en una residencia militar, donde allí venían a recordar los buenos momentos y como no, los amargos tragos, que finalmente se recogían en los buenos momentos de los seis meses en las trincheras de Ifni.
El soldado José Luis Aranda Gracia, un magnífico cantante de jotas y un maestro con el acordeón, por el cariño que sentía a quien fue su capitán ante sus compañeros en una comida de hermandad cantó esta jota: “canto esta jota a mi capitán y a su hijo asesinado por ETA. Esta jota que yo canto para el capitán Ezquerro y su hijo asesinado la están oyendo en el cielo”.

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