La Playa de la Ribera corrió con la suerte de ser el lugar elegido por David Soto -de nueve años- para desarrollar su particular actividad con tan solo nueve años: conseguir su propia cena alta en proteína -un nutriente que abunda en el pescado- cada noche de verano en Ceuta.
Este pequeño, acompañado por su padre, quien le ha sumergido en el arte de la pesca “a lo supervivientes” mientras disfruta de un remojón, podría decidir quedarse en casa jugando a la consola, pero no. David prepara su cebo y se hace con todo lo necesario para una mañana o tarde de pesca.
Nueve años, una sonrisa tímida y una pulsera que no es de juguete, sino de pesca. Sí, como lo leen. Este pequeño aventurero ha decidido que la cena no se compra en el supermercado, sino que se saca directamente del mar. Y vaya si lo cumple.
Dotado de su hilo, su anzuelo y una masilla elaborada por él mismo, este joven pescador se lanza a las aguas de la Ribera dispuesto a pescar su propio plato. Y ojo, que no estamos hablando de un momento puntual, lo hace durante todo el año, cuando no se puede en la playa, se dirige al Puente Cristo.
Al ser preguntado sobre su aprendizaje en el mundo de la pesca, David se encoge de hombros, porque no encuentra en su cerebrito el recuerdo de quién le enseñó: “Yo mismo”, dice.
Y es que, aunque reconoce haber visto algún vídeo, parece que lo suyo es pura práctica e iniciativa. Lo que más le gusta capturar son sargos, esos peces plateados y carnosos que, acompañados de unas patatas, se convierten en la cena perfecta para él. Sí, sí, pescado con patatas, porque estos carbohidratos, ¡están buenos con lo que sea!
Pero aquí viene el giro inesperado: aunque David se encarga de pescar, no es él quien cocina. Esa misión se la pasa a su hermano, ¡de tan solo siete años! Sí, ha leído bien. Uno pesca y el otro cocina. Y su madre lo resume con una frase que vale oro entre risas: “Tengo la combinación perfecta en casa”, y no es para menos.
David no solo pesca, también tiene muy claro el concepto de “pesca sostenible”. A su manera, claro. Si el pez es demasiado pequeño, lo devuelve al agua. Así lo explica, sin más. Como él dice, “como debe ser”. Y lo dice con la naturalidad de alguien que entiende que el mar es un lugar que hay que cuidar.
En su repertorio no faltan los intentos de atrapar doradas gigantes que, de momento, se le siguen resistiendo.
“Son imposibles de atrapar”, admite entre risas y con un toque de impotencia. Pero no hay duda de que la motivación está ahí y de que, en algún momento lo conseguirá. ¡Confiamos en ti, David!
El cebo es la clave, y David lo sabe. Su receta tiene ingredientes muy caseros: harina, sal, un poco de salchichas, sardina en lata…. Todo mezclado hasta formar una masa que engancha a los peces que, posteriormente, estarán en su cena.
Lo ata bien al anzuelo, lo agarra fuertemente a su pulsera y se mete al agua, con gafas de buceo, claro, para avistar la presencia de pescado. Lo suyo no es la caña tradicional, sino un estilo más libre, al estilo “supervivientes”, como bien describe su madre.
Al preguntar a David si ya ha pensado qué quiere ser de mayor, entre titubeos con presencia tímida ha comunicado que: “Ser youtuber”.
Y no es difícil imaginarlo frente a una cámara, contando cómo prepara su masilla o liberando un pez demasiado pequeño con toda la naturalidad del mundo. Porque tiene carisma y a su temprana edad no le faltan ganas. Además, ya hace sus apariciones en el Instagram de su mamá.
El verano llega a su fin y con él las jornadas de pesca en la playa. ¿Y ahora qué? Pues David ya tiene plan B: pescar en el Puente Cristo. Allí echa su sedal y, si hay suerte, cena asegurada.
Porque cuando algo te apasiona, encuentras la manera de seguir haciéndolo, aunque el calendario te mande de vuelta al cole, un lugar al que no tiene muchas ganas de volver David.
En esta historia, no solo David es protagonista. Su hermano, con su talento precoz para la cocina, y su madre, que observa entre divertida y orgullosa, completan esta divertida escena familiar. Sin olvidar a papá, que pone todo su empeño en compartir con sus hijos las pasiones de cada uno.
“Todos contentos”, dice su madre, María Ángeles, y no parece exagerar. Dos hijos que se reparten las tareas y convierten la cena en una aventura diaria es algo digno de presumir.
Lo que hace especial a David no es solo que pesque su propia comida con nueve años. Es la naturalidad con la que lo vive. No se trata de presumir ni de hacer algo extraordinario: para él, es lo normal.
Quizás, ahí esté la magia. Mientras muchos niños de su edad sueñan con hamburguesas y nuggets, él apuesta por un buen sargo fresco recién pescado, unas patatas y la satisfacción de saber que lo ha conseguido por sí mismo.
Por ahora, lo que está claro es que David ya tiene un lugar reservado en la lista de pequeños grandes personajes del verano. Y lo mejor de todo es que todavía le quedan muchas doradas por intentar pescar, y que estamos seguros de que terminarán en el plato, ¡pescada por David y cocinada por Sergio!
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