Ceuta, convertida en punto de meta elegido por los inmigrantes, nunca termina de acostumbrarse a esa tragedia que representan los hombres y mujeres que arriesgan sus vidas por llegar a este lado. Cuando la tragedia nos toca de cerca, al lado, en primer plano, es cuando se ve sobre qué fino hilo se mueve la vida de una persona.
Ayer salvaron sus vidas algo más de 30 pero se perdió la de un hombre joven, cuyo único deseo era estar como ahora usted: en un mundo donde haya derechos y oportunidades. Son casi 200 los que han fallecido desde el año 2000 buscando lo mismo. Europa se blinda y no consigue más que nuevas tragedias. Situaciones dramáticas en las que se cuenta con la solidaridad de personas anónimas que se quitan lo que tienen por ayudar a los demás, como así lo demostraron esos trabajadores del Parque de Santa Catalina o de las zonas de al lado, o esos militares que salían de guardia del Hacho o ese agente al que le sorprendió la llegada haciendo deporte. Junto a ellos, los profesionales de la Guardia Civil: los del Marítimo y los GEAS que ayer mostraron cómo trabajan en condiciones adversas arriesgando incluso sus vidas. Porque solo saben los componentes del Grupo de Especialistas de Actividades Subacuáticas lo que ayer pasaron para intentar sacar a los inmigrantes y para recuperar el cuerpo del fallecido. La zona de los isleros es una trampa mortal y los GEAS se entregaron como solo ellos saben, como profesionales que son. El Marítimo llegó en cuestión de minutos al lugar de los hechos y su rapidez fue clave también para rescatar a los que estaban en el agua. La labor de estos agentes es digna de tenerse en cuenta porque precisamente gracias a su efectividad evitaron que hubiera más muertes y que la jornada de ayer no se tiñera de nuevas tragedias. Cuando la tragedia nos toca de cerca hay que dar la talla. Ayer, sin duda, se dio.





