No hay que despreciar al ciudadano. Las administraciones sufren el complejo de apisonadoras olvidando que se deben a los vecinos, que tienen la obligación de solventar sus inquietudes, de resolver sus dudas. La administración pública no se debe así misma, sino a los demás.
Esto, que debe ser fácil de entender, se convierte en algo imposible. Esos famosos canales de transparencia son una auténtica farsa, no funcionan. Que el ciudadano se vea traicionado, olvidado o incluso despreciado es lo peor. Pero sucede.
Este viernes los vecinos de San Antonio y Valdeaguas se cansaron de llamar y llamar ante el olor insoportable procedente de la EDAR. Una construcción que, ya de por sí, nunca debería haberse hecho a tan poca distancia de núcleos poblaciones. Pero se hizo. Las guerras de unos pocos por aquel entonces no fructificaron. Asociaciones ecologistas como Septem Nostra se quedaron solas en su denuncia, señaladas como interesadas (lo de siempre).
Esos vecinos, como les cuento, se cansaron de llamar y llamar solicitando información. Nunca la obtuvieron. No se quejaban por vicio, no era el típico olor de la visita del barco ganadero, era una situación insoportable que a los más mayores les hizo temer por lo insano que suponía.
Situaciones de este tipo se repiten demasiado. Vecinos de barriadas con problemas que llaman a los servicios públicos y no son atendidos, no encuentran el calor obligado de una administración que se debe a lo público y que se mantiene gracias al propio ciudadano. Cuantas veces se han quedado con las ganas de saber por qué no hay agua o luz. Nadie atiende.
Perder el rumbo siempre es malo, no saber a quién te debes, también. Es no entender nada.







Políticamente estamos desprotegidos, la única solución es que los vecinos afectados presenten una denuncia en el Juzgado, a sabiendas como funcionan todas los organismos en ceuta