Los alumnos y alumnas de la Universidad de Granada (UGR) que participaron recientemente en un curso de Extensión Universitaria sobre el tratamiento didáctico de los bulos y fake news culturales en las aulas compartieron con El Faro de Ceuta sus conclusiones acerca del impacto de la desinformación cultural en Primaria y Secundaria.
Durante las sesiones, los estudiantes debatieron sobre el fenómeno de la desinformación cultural, su relación con determinadas corrientes ideológicas y las posibilidades didácticas para trabajarlo en el aula. La discusión partió de una pregunta escolar: “¿A cuál ideología le crece más la nariz?”, una metáfora sobre el aumento de discursos engañosos en función de la postura social o política adoptada.
"¿A cuál ideología le crece más la nariz?"
El grupo definió la desinformación cultural como aquella que “nace de una ideología que no cree en la interculturalidad ni en la cohesión entre grupos sociales que comparten un mismo espacio”. Este tipo de narrativas —explicaron— se alimenta de la posverdad, un fenómeno en el que “la verdad importa menos que las emociones y las experiencias personales que activan el bulo”, lo que distorsiona la percepción de otras culturas y refuerza prejuicios que erosionan la convivencia.
“La desinformación cultural nace de una ideología que no cree en la interculturalidad ni en la cohesión entre grupos sociales que comparten un mismo espacio”
La posverdad: “la verdad importa menos que las emociones y las experiencias personales que ponen cara, voz y activan el bulo”.
El currículo como herramienta para responder a la desinformación cultural
Durante el curso, se abordó también la importancia del currículo educativo como instrumento clave para reducir el impacto de la desinformación cultural en contextos escolares diversos.
¿Qué se trabajó?
“El pensamiento crítico y la alfabetización mediática son fundamentales en aulas cada vez más interculturales y en línea. No fomentarlos amplifica el impacto de la desinformación entre el alumnado e inclina sus decisiones y relaciones con compañeros y compañeras de otras culturas hacia los dos extremos de la polarización: el conflicto cultural en red o la convivencia intercultural positiva.
La desinformación —bulos, fake news…— condiciona su inclusión en contextos como los nuestros, dividiéndolos según su ascendencia (origen, etnia…). En las aulas de Ceuta, el reto es claro: desarrollar la Competencia Digital para una ciudadanía digital responsable entre culturas en constante ‘contacto digital’”.
No obstante, entre los polos de la polarización mediática —la interacción positiva y el conflicto cultural— existe un espacio intermedio esencial: el que ocupa el proceso de Alfabetización Mediática e Informacional (AMI). Este proceso resulta determinante para comprender cómo los medios influyen en la visión intercultural del alumnado y cómo una interacción informacional equilibrada puede transformar sus relaciones dentro y fuera del aula.
Según las conclusiones del curso, fortalecer esta competencia favorece el ejercicio de una ciudadanía digital activa, crítica y democrática, imprescindible para unas relaciones interculturales sanas en un entorno cada vez más condicionado por la comunicación en red.






