La verdad sea dicha, quería titular este caleidoscopio de otra manera: “Corina Machado se baja las bragas”, pero una frase y otra tienen matices distintos.
La expresión “bajarse las bragas” (o “caerse las bragas”) es una forma coloquial y vulgar de indicar gran excitación sexual hacia alguien o algo, sugiriendo que la persona está tan impresionada o atraída que su ropa interior se “cae sola” o que quiere desnudarse inmediatamente, denotando una atracción muy intensa.
La expresión “bajarse los pantalones’significa ceder, rendirse o claudicar de forma humillante, especialmente en una negociación o disputa, aceptando condiciones desfavorables o perdiendo la autoridad, y a veces se usa para describir actos de corrupción o engaño en política.
No entraré en la polémica de si el lenguaje es machista o feminista; el lenguaje es lenguaje y no creo que por decir “ jóvenas” alguien pueda ser más feminista que yo.
Salvo que Corina se haya enamorado de Trump - que siempre hay un roto para un descosido y el amor siempre es ciego- la opositora a Maduro se ha plegado ante líder del mundo mundial. Le ha faltado pedir perdón porque la academia sueca le concedió a ella el premio Nobel y dejar a Trump con una mano delante y otra detrás sufriendo un chasco imperdonable.
Corina se lo ha intentado dar, donar, regalar y ofrecer; le dijo que lo compartía, que se lo haría llegar a la Casa Blanca, que él era el auténtico merecedor y que la Academia Sueca no sabía lo que hacía.
Un precio alto ha pagado la posible ganadora de las elecciones venezolanas pues, después del secuestro de Maduro y el aplauso a rabiar de Machado, se quedó con un palmo de narices: Trump le pegó una patada en el culo y pensó en Delcy Rodríguez para liderar Venezuela.
Parece una broma, pero eso de compartir premio no le haría mucha gracia al amado líder.
La academia sueca recuerda las normas: “Una vez anunciado el Premio Nobel, la decisión es inapelable. Posteriormente, no podrá revocarse, compartirse ni transferirse.
El feo de Corina pasará a la historia de los laureados, pues creo que es un feo que hasta el mismísimo perogrullo podría sentirse ofendido.
También nuestro nuevo amo quiso ser Papa pero la iglesia no entró al trapo.
Ahora dice el Dios en la tierra que nuestra Corina no podría gobernar Venezuela porque no sería aceptada por su pueblo... Pero, ¿No ganó las elecciones? ¿No consiguió una mayoría absoluta?
El títere de Delcy es manejada por control remoto y ya se librará ella de no decir “Sí buana”, porque la bofetada que le iban a pegar sería más grande que la que sufrió nuestro Señor Jesucristo.
Trump podría pedir todos los premios Nobel: el de Física y Química por su contribución a las investigaciones en nuevas armas de destrucción masiva; el de Literatura por las cartas de amor a sus amantes; el de economía por sus políticas arancelarias y el de medicina por la idea de beber lejía para combatir el COVID.
Ya puestos yo lo nombraría “hijo predilecto de Groenlandia”, no sea que vaya a matar a todo bicho viviente antes de quedarse con ella.
Cantemos todos: “Americanos, os recibimos con alegría, olé mi mare, ole mi suegra y ole mi tía”.






