El Centro Social de Mayores del Imserso de Ceuta ha vivido este viernes una de esas jornadas que permanecen en la memoria de todos los que la viven, se trata de el tradicional concurso de repostería, que este año ha contado con un jurado muy especial.
Los alumnos de 4º de Primaria del colegio Vicente Aleixandre han sido los encargados de valorar los postres elaborados por los mayores del centro, en una actividad marcada por la diversión, la ternura y el espíritu navideño.
Aroma dulce
Desde primera hora de la mañana, el salón principal del centro se llenó de aromas dulces, risas y un ambiente festivo. La Técnico de Animación Sociocultural, Rocío Sedik, destacó que en esta edición se han presentado un total de diez postres, todos elaborados con mucha iusión.
Entre ellos había propuestas tan variadas como bizcochos multicolor, troncos de Navidad, roscos, chuches artesanales, crepes de fruta, flanes de distintos sabores, plátanos bañados en chocolate blanco y un vistoso hojaldre con Nutella denominado “Cumbres Nevadas”.
El pequeño jurado
Los pequeños jueces recorrieron la mesa probando, comentando y valorando cada creación, mientras los mayores observaban con miradas de ilusión.
Tras la degustación, los alumnos debatieron su veredicto: el primer premio fue para las chuches artesanales, elaboradas completamente a mano.
El segundo premio recayó en el tradicional tronco de Navidad, mientras que el tercer premio fue para un exquisito flan de turrón.
Los premios
Los galardonados recibieron tres cestas navideñas, de diferentes tamaños según la categoría del premio. No obstante, en un gesto de cariño hacia todos los participantes, el centro entregó a cada uno de los mayores un obsequio: una crema de manos y una colonia.
Además, la cafetería del Centro Social se sumó a la celebración preparando bizcochos y zumos naturales para todos los asistentes.
La jornada ha estado marcada por el carácter navideño y, por supuesto, por los villancicos, que no han faltado.
Una unión intergeneracional
Los mayores, encantados, acompañaron los cantos y compartieron risas y anécdotas con los niños, generando un ambiente cálido y familiar.
Este concurso de repostería, más allá de la competición, se convirtió en una experiencia de convivencia intergeneracional que rompió la rutina de los mayores y permitió a los niños conectar con otras generaciones a través del gusto.
Entre dulces, villancicos y sonrisas, todos terminaron con la panza llena y el corazón contento.






