Su trabajo silencioso, metódico y meticuloso habitualmente no ocupa los titulares de la prensa, pero representa el siguiente paso después de una intervención policial de estupefacientes. Sin su labor sería imposible condenar a ningún narcotraficante ya que sus informes son los que determinan el tipo de droga intervenida, su pureza y la cantidad exacta de estupefaciente interceptado por los agentes. Son datos necesarios para que el juez pueda decidir si la pena debe ser más o menos dura.
A pesar de la trascendencia de su trabajo en la lucha contra la delincuencia organizada que se dedica al narcotráfico, esta labor de los profesionales de laboratorio que complementa las intervenciones que llevan a cabo los efectivos de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad es tan desconocida para el conjunto de la sociedad como imprescindible en el día a día de los agentes dedicados a la lucha contra el tráfico de estupefacientes. La información que aportan sus análisis pueden contribuir a conocer datos sobre la procedencia de la droga y, por lo tanto, facilitar detalles que pueden acabar por convertirse en determinantes en una investigación. Además, en la última fase del proceso, cuando el supuesto delincuente es conducido al juzgado, la información que estos profesionales facilitan al juez contribuye en gran medida a determinar si su destino más inmediato es o no la prisión.
La seguridad y la lucha contra la delincuencia es un trabajo que la ciudadanía no duda en atribuir a los miembros de las Fuerzas y Cuerpos del Estado y a los profesionales responsables de impartir justicia aplicando el Código Penal. La batalla de policías, guardias civiles y jueces en la lucha contra el crimen organizado tiene muchos escenarios. Uno de ellos, es el laboratorio donde se analizan las sustancias estupefacientes intervenidas. Allí también se combate contra los delincuentes en una lucha sin cuartel donde las ‘armas’ son todo tipo de utensilios de laboratorio y los conocimientos científicos de quienes los manejan, siempre de manera tan metódica y meticulosa como silenciosa, lo que hace que habitualmente su labor pase desapercibida para las ciudadanía aunque sea de gran transcendencia.





