Desde que tenemos uso de razón queremos hallar aquello que nos hace útiles y a su vez nos reconforta cuando nuestro alrededor no lo hace tanto. Nos marcamos objetivos, a veces tan lejanos y otras veces tan cercanos que parece que los rocemos con los dedos antes de conseguirlo.
¿Quién no ha imaginado qué quería ser de mayor cuando tan solo era un niño? Creo que todos alguna vez. Indudablemente esos pensamientos con el tiempo toman importancia, cambian, se fortalecen…
Siempre pensé en dedicarme a la docencia cuando tan solo tenía unos ocho o nueve años; me gustaban las Matemáticas pero con trece años descubrí que los versos me llenaban mucho más, las palabras, la Lengua. Sin embargo, la idea de la enseñanza se desvaneció porque quería algo más. Quizá enseñar pero mediante otras formas: a través de la psicología, de la conversación o desde unos artículos vanos que vuelan por mi cabeza.
Forjar una idea en nuestra mente es fácil, lo complicado es llevarla a cabo. Tiene mucho que ver la pasión y ganas que pongas en ellas. Realmente, solo quedará eso pues los consejos que puedan darte o las ideas que puedan imponerte terminará con tu meta, con aquella que de niño soñabas y que de joven desarrollaste y que de adulto has jugado tus cartas conforme la experiencia te ha llevado tener esa mano y no otra.
Con cada jugada aprenderás cuál es la vía que has de tomar y quienes deben acompañarte, ya sea unos amigos, una pareja o tu familia. Llegarás donde quieras si te lo propones, aprovecha la racha que ofrece tu propio esfuerzo y haz aquello que un día dijeron que no podrías hacer y que tanta ilusión te hacía.
(*) oscarfrancoc10@gmail.com






