Y de postre, Debussy. Irene Reque se convirtió ayer en la primera alumna graduada en la nueva sede del conservatorio del Revellín. Y tocó ‘Claro de luna’, de Debussy. “Es una melodía más adecuada para Irene”, declaró su tutora, África Alba. “Llegados a este punto, me limito a sugerir. Ellos son quienes eligen finalmente la canción”, dijo.
La Sala de Audiciones del conservatorio era ayer una fiesta. La ocasión lo merecía. Era el estreno del edificio de Álvaro Siza como lugar de excelencia para futuros músicos. O profesores. O todo a la vez. Irene Reque, la ya graduada Irene Reque, expresó su deseo de dedicarse a la enseñanza de la música. Antes quedará la selectividad y la probable carrera de Musicología. Un mérito para una joven de su edad. “Es constante y responsable”, definió su tutora.
“Pero no hay que olvidar el mérito de sus padres”, declaró Mabel Deu, que, además de titular de Educación y Cultura, es alumna de Piano y ayer también corista. “Su madre es profesora de piano y su hermana mayor es también pianista”, reveló después de que el padre de la familia confesara la gratitud que resulta disponer de música por doquier. “Tenemos hasta dos pianos en casa”, dijo.
Profesores, familias y músicos, todos presentes para brindar por una nueva miembro de la casta musical. Antes de ceder el paso a Irene, tocaron tutores y compañeros. Cuarteto, guitarra, piano por partida doble y el colofón de la recién graduada. El postre de Debussy. La partitura como texto, el instrumento como prolongación de las extremidades y “la constancia y la continuidad”, como destacó Cristina Querol, la directora del Conservatorio, como ejes de vida. “Sin estridencias”, añadió Querol, “como debe ser”. Constante, continuo y sin estridencias. La carrera del músico. El claro de la luna.






