En el acto conmemorativo por los 25 años de Juan Vivas al frente del Gobierno de Ceuta, organizado por los medios de comunicación El Faro, El Pueblo, Ceuta TV, Ceuta Actualidad y Ceuta al Día, cobró especial relevancia la intervención de una de las personas que más estrechamente ha trabajado junto al presidente durante estas décadas: la consejera de Hacienda, Transición Económica y Transformación Digital, Kissy Chandiramani.
La consejera inició su intervención reconociendo el acierto y la valentía de los editores de la prensa escrita local por impulsar un acto que, a su juicio, contribuye a ordenar la memoria colectiva de la ciudad y a ofrecer perspectiva histórica sobre un periodo que calificó de “excepcional”.
A su entender, un cuarto de siglo no constituye una simple anécdota electoral, sino una trayectoria histórica. Chandiramani subrayó que hablar del presidente Vivas no es referirse únicamente a una sucesión de victorias en las urnas, sino a un proyecto sostenido en el tiempo, concebido desde el inicio para construir lo que aún faltaba en una ciudad que comenzaba a consolidar su condición de ciudad autónoma.

Un liderazgo en construcción
Cuando Vivas asumió la Presidencia, recordó la consejera, las estructuras institucionales estaban aún en formación, las competencias en desarrollo y las certezas administrativas en proceso de consolidación. En ese contexto, destacó tres cualidades que, a su juicio, definen su figura: visión de Estado, liderazgo estratégico y un profundo sentido de la responsabilidad.
Chandiramani afirmó que el presidente nunca entendió Ceuta como una pieza aislada, sino como parte esencial del proyecto constitucional de 1978, defendiendo su singularidad como expresión legítima de la España plural. A ello sumó su capacidad para esperar, negociar o resistir, según exigieran las circunstancias.
En tono cercano, la consejera aludió a su capacidad para soportar la presión sin perder la serenidad, asegurando que nunca ha confundido la firmeza con la estridencia y que ha defendido los intereses de Ceuta sin alzar la voz innecesariamente, pero sin bajar la cabeza.
Resiliencia y convicción
Chandiramani comparó esa perseverancia con la del tenista Rafa Nadal, asegurando que el presidente “no da una bola por perdida”. Gobernar, afirmó, no es un sprint, sino un maratón, y 25 años acreditan resiliencia, constancia y convicción.
Entre esas convicciones, destacó una frase repetida en público y en privado por Vivas: “No se puede querer a España si no se quiere a Ceuta”, una declaración que definió como una auténtica declaración de principios sobre la pertenencia y la identidad.
Durante este periodo, señaló, se han atravesado momentos fáciles y otros extraordinariamente difíciles, pero siempre bajo el mismo patrón: anteponer el interés general a cualquier cálculo político, mantener la convivencia como línea roja e impulsar acuerdos amplios cuando han sido posibles.

Tres etapas de gobierno
La consejera estructuró estos 25 años en tres grandes etapas. La primera estuvo marcada por la garantía de servicios públicos equiparables al resto del territorio nacional. En 2001, el reto era claro: que ningún ceutí tuviera menos oportunidades que cualquier otro español.
Se impulsaron entonces infraestructuras esenciales como el depósito del Serrallo, la Desaladora, la EDAR, mejoras en seguridad y limpieza, el cierre del vertedero de Santa Catalina, así como transformaciones urbanísticas como los accesos al Príncipe, el hospital o el campus universitario, junto a la conservación del patrimonio cultural e histórico.
No se trataba solo de ejecutar obra pública, sino de garantizar dignidad e igualdad real, haciendo que los ceutíes percibieran una ciudad a su servicio.
Estabilidad en la crisis
La segunda etapa coincidió con la crisis financiera que sacudió a España. La respuesta, explicó, fue de responsabilidad y estabilidad. En cuatro anualidades se amortizaron 100 millones de euros sin despedir empleados públicos, sin cerrar servicios y sin dejar de abonar nóminas.
En ese periodo se protegió el régimen económico y fiscal especial, se defendió la compensación del IPSI y se consolidaron bonificaciones a la Seguridad Social, al transporte y a la fiscalidad específica, siempre desde la lealtad institucional y la colaboración con el Estado.
La tercera etapa, la más compleja, estuvo marcada por tres grandes crisis: el cierre de la frontera en octubre de 2019, la pandemia de COVID-19 en marzo de 2020 y la crisis migratoria de 2021.
La crisis migratoria de 2021
Chandiramani relató en detalle el episodio vivido durante la entrada masiva de migrantes en mayo de 2021. Encontrándose de viaje hacia Sevilla junto a otras responsables del Gobierno local, recibieron la noticia de que, en apenas hora y media de trayecto en ferry hasta Algeciras, habían accedido a la ciudad más de 1.500 personas.
Ante la gravedad de la situación, el presidente decidió regresar inmediatamente a Ceuta para afrontar la emergencia. Desde el Ayuntamiento, hasta altas horas de la madrugada, se sucedieron las llamadas al Gobierno de la Nación solicitando apoyo.
La consejera recordó especialmente la conversación mantenida con el entonces ministro de la Presidencia, Miquel Iceta, a quien Vivas trasladó que Ceuta llevaba “600 años defendiendo la bandera” y que necesitaba auxilio. Al día siguiente, el presidente del Gobierno visitó la ciudad para reafirmar su condición de frontera española y europea y poner a disposición todos los recursos del Estado.

Unidad y futuro
Chandiramani destacó que, incluso en un contexto de polarización política, la actuación del presidente logró generar un sentimiento de orgullo compartido, concitando apoyos más allá de las ideologías y reforzando la convivencia entre ceutíes.
Tras aquellas crisis, subrayó, Ceuta avanzó en su inclusión en la Estrategia de Seguridad Nacional, consolidó la atención del Estado y transformó amenazas en oportunidades. El futuro ha sido, según indicó, una premisa constante, visible en proyectos como la conexión del cable eléctrico, el impulso al sector tecnológico o la remodelación del puerto.
Veinticinco años después, afirmó, Ceuta es una ciudad más fuerte, con más oportunidades y con una transformación que lleva el sello de una forma de gobernar basada en reglas claras, confianza y visión estratégica.
En la recta final de su intervención, Chandiramani reconoció el trabajo de los distintos equipos de gobierno, destacando la presencia mayoritaria de mujeres incluso antes de que se generalizaran las listas cremalleras, y agradeció a la familia del presidente su respaldo silencioso.
Dirigiéndose a su esposa e hijos, agradeció el haber permitido que Vivas antepusiera en muchas ocasiones a Ceuta a su propia familia, subrayando que tanto en el plano público como en el personal ha prevalecido siempre una misma palabra: servicio.
Tras 25 años, concluyó, Ceuta es más fuerte institucionalmente, más segura en sus convicciones y mejor preparada para el futuro. Un legado que ya forma parte de la historia de la ciudad y que, dijo, merece continuidad.





