Los ciudadanos de Ceuta han vuelto a demostrar que la solidaridad puede surgir incluso en los momentos más dolorosos. El fallecimiento de Riduan Mohamed Abdeselam, un hombre muy querido entre sus compañeros y amigos, ha dado lugar a una iniciativa que ha traspasado fronteras y se ha convertido en un legado de vida.
Quienes lo conocieron no dudan en destacar su carácter cercano y alegre. “Era como un hermano pequeño”, recordaba emocionado uno de sus allegados. Su pérdida dejó un profundo vacío entre familiares, amigos y compañeros de trabajo.
Fue precisamente entre estos últimos, compañeros como vigilantes de seguridad y trabajadores del Parque Marítimo, donde nació la primera idea: ayudar a la familia con los gastos del entierro mediante pequeñas aportaciones económicas.
Lo que comenzó como una iniciativa sencilla pronto creció de forma inesperada. Tras crear un grupo para coordinar las aportaciones, cada vez más personas se fueron sumando, impulsadas por el cariño hacia Riduan y el deseo de contribuir.
Ante la creciente participación, los organizadores decidieron dar un paso más allá y apostar por algo con un impacto duradero: la construcción de un pozo de agua en una zona necesitada. “El agua es vida, y queríamos que su recuerdo también lo fuera”, explican.
El coste inicial del proyecto rondaba los 750 euros, una cifra accesible gracias a la colaboración colectiva. A diferencia de otras opciones en lugares más cercanos, donde existen intermediarios, se optó por destinar el dinero directamente a una comunidad en Uganda, garantizando que cada euro se invirtiera íntegramente en el proyecto.
La respuesta de la ciudadanía fue inmediata y abrumadora. En apenas dos días, se logró recaudar no solo el importe necesario para un pozo, sino suficiente para construir dos.
Las donaciones llegaron sin distinción de religión o procedencia. Cristianos y musulmanes, compañeros, amigos y conocidos se unieron en un gesto común de generosidad que emocionó a los organizadores.
Tal fue la avalancha de solidaridad que se vieron obligados a detener las donaciones, al haber alcanzado ya el objetivo. “La gente seguía queriendo aportar, pero tuvimos que frenarlo. La intención estaba cumplida”, explican.
El primero de los pozos ya es una realidad. Finalizado hace apenas unos días, la imagen del pozo terminado ha sido recibida con emoción por todos los que participaron en la iniciativa.
El segundo proyecto ya está en marcha y se destinará a otra comunidad necesitada, posiblemente también en Uganda o en otro país donde el acceso al agua sea limitado. El objetivo es claro: seguir transformando la solidaridad en oportunidades de vida.
Este gesto, nacido del dolor, se ha convertido en un ejemplo de unidad, generosidad y compromiso social. Un homenaje silencioso pero poderoso que mantiene viva la memoria de Riduan allí donde más se necesita.
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