Ceuta se ha despedido este miércoles de uno de sus referentes deportivos más queridos. Mohamed Amar Ayad, expresidente del Gimnasio Goyu-Ryu y figura clave en la historia del fútbol base local, fue enterrado en el cementerio de Sidi Embarek en un emotivo acto que congregó a familiares, amigos, exjugadores y representantes del mundo del deporte. La ciudad entera ha sentido como propia esta pérdida y su entierro ha sido reflejo del inmenso cariño que supo ganarse a lo largo de toda su vida.
Quienes compartieron años de trabajo con él, quienes fueron sus pupilos en el campo y quienes simplemente admiraban su entrega por el fútbol, acudieron para darle el último adiós. El respeto y la emoción se palpaban en el ambiente. Ceuta despedía no solo a un dirigente deportivo, sino a un hombre que dejó huella imborrable en generaciones enteras de jóvenes futbolistas.

Ha destacado la presencia de miembros de la Real Federación de Fútbol de Ceuta, con su presidente, Antonio García Gaona, a la cabeza.
Tampoco han querido faltar a la cita, entre otros, entrenadores míticos de nuestra ciudad como Tayo, Mustafa o Fuad Harrus. Adema del conocidísimo Frughi de la barriada de Hadú, Hassan ‘Cortito’ o Maimon.
Y es que era querido por todos, solo hay que ver la presencia también, por ejemplo, de Sufian, que tantos años defendió la elástica de la UA Ceutí y que lo conocía de primera mano.
Mohamed Amar falleció el pasado lunes tras una larga enfermedad que llevaba años enfrentando con entereza y discreción. Su partida ha provocado una profunda consternación en el deporte ceutí, especialmente entre quienes lo conocieron de cerca.
Una vida dedicada al fútbol y a los jóvenes
Durante décadas, Amar Ayad fue el motor del Gimnasio Goyu-Ryu, una entidad que transformó el fútbol base en Ceuta y que se convirtió en una referencia en todo el país. Su liderazgo y visión llevaron al club a competir durante muchas temporadas en la División de Honor Juvenil, la máxima categoría a nivel juvenil en España, algo al alcance de muy pocos.
El momento más recordado llegó hace 25 años, cuando el Goyu-Ryu se proclamó campeón del Grupo IV de la División de Honor. A día de hoy, ningún otro equipo ceutí ha conseguido igualar esa hazaña. Aquella gesta no solo fue un logro deportivo, sino un símbolo del trabajo constante, la pasión y el compromiso de Amar con su equipo y su ciudad.
Uno de los capítulos más especiales de su trayectoria fue el enfrentamiento en la Copa del Rey juvenil frente al Real Madrid. El modesto equipo ceutí, con jugadores formados en la tierra, se midió a uno de los gigantes del fútbol español, reflejo del nivel que alcanzó bajo su gestión. Para muchos de los jóvenes que vivieron esa experiencia, fue el momento cumbre de sus carreras deportivas.

Un referente que formó a generaciones
Pero más allá de los títulos, Amar Ayad será recordado por su vocación formativa. Fue un entrenador, un guía y un segundo padre para muchos jóvenes ceutíes que encontraron en el fútbol una vía de crecimiento personal. Muchos de aquellos jugadores son hoy entrenadores en diferentes clubes de la ciudad, llevando con ellos las enseñanzas y valores que recibieron de su mentor.
Junto a Mustafa, de la FAMPA, y Paco Cordero, Amar fundó el Goyu-Ryu tras su paso como entrenador por la UA Ceutí. Aquel proyecto nacía con humildad, pero con una clara ambición: formar personas a través del deporte. Y lo consiguió. Tras la desaparición del club, no se rindió. Dio vida a un nuevo proyecto, la Gimnástica Ceuta, que también compitió en categoría nacional.
Además de su faceta como entrenador y dirigente de club, formó parte de la Junta Directiva y de la Asamblea de la Real Federación de Fútbol de Ceuta (RFFCE). La propia territorial ceutí expresó públicamente sus condolencias a la familia, reconociendo la enorme pérdida que supone para el deporte local.

El legado de un hombre bueno y entregado
Durante los últimos años, Amar luchó contra la enfermedad con la misma fortaleza con la que defendió siempre los intereses de sus jugadores. Nunca buscó protagonismo, pero su ejemplo, su cercanía y su humanidad lo convirtieron en una figura entrañable y admirada en toda Ceuta.
En los campos de fútbol, en los vestuarios, en cada rincón del deporte base ceutí, hay huellas de Mohamed Amar Ayad. Su legado no está solo en las fotos o en los trofeos, sino en cada jugador que creyó en sí mismo gracias a su apoyo. En cada familia que encontró en su club un espacio de acogida. En cada joven que aprendió que el esfuerzo y la humildad pueden abrir caminos.
Hoy, Ceuta despide con lágrimas, pero también con gratitud, a un hombre que lo dio todo por el deporte. Su recuerdo vivirá en cada balón que ruede en los campos de la ciudad.






Inna lillahi wa inna ilayhi raji'un" ("De hecho, pertenecemos a Allah y de hecho, a Él volvemos")
D E.P. 🌹