Ceuta se presenta como una ciudad comprometida con el medio ambiente, que apuesta por el reciclaje y la sostenibilidad. Sin embargo, basta con dar un paseo por muchas de sus barriadas o playas para comprobar que la realidad dista mucho del discurso oficial.
Faltan contenedores de reciclaje en demasiadas zonas. En muchas barriadas no hay ni uno solo de papel, plástico o vidrio. En las playas, donde el volumen de residuos aumenta considerablemente en verano, los contenedores de reciclaje son muy escasos o directamente inexistentes.
Hay muchos contenedores de reciclaje que a veces se encuentran desbordados durante días sin que nadie los vacíe, obligando a los ciudadanos a dejar las bolsas en el suelo o, peor aún, a mezclar residuos por falta de opciones.
Esto no solo desmotiva a quienes quieren reciclar, sino que transmite un mensaje muy negativo: que el reciclaje no importa realmente en esta ciudad.
Además, la empresa municipal de limpieza debería dar ejemplo separando los residuos que recoge. No basta con pedirle al ciudadano que separe en origen si luego todo se mezcla. Si queremos una Ceuta más limpia y sostenible, es imprescindible que desde el propio Ayuntamiento se actúe con coherencia y responsabilidad.
La Policía Local, por su parte, tiene un papel fundamental que desempeñar. Las ordenanzas municipales que regulan la limpieza, el uso de contenedores, el vertido de residuos o el abandono de basuras son competencia exclusiva del Ayuntamiento. Sin embargo, la vigilancia y el control del cumplimiento de estas normas es casi inexistente. La permisividad ha generado una sensación de impunidad que se traduce en calles sucias, zonas verdes abandonadas y playas donde hay bastantes usuarios que dejan sus porquerías esparcidas en el arenal.
No se puede construir una ciudad más verde desde el abandono institucional. Hace falta voluntad política, medios adecuados y una ciudadanía comprometida. Pero, sobre todo, hace falta que quienes gobiernan prediquen con el ejemplo y hagan cumplir las normas que ellos mismos aprueban.
Ceuta no puede permitirse seguir dándole la espalda al reciclaje y al medio ambiente. El futuro, también en este rincón del sur de Europa, debe ser sostenible.






