Ceuta se suma a las ciudades universalmente accesibles. Se suma a una iniciativa que promueve un modelo urbano que sea mucho más inclusivo y adaptado a las personas.
Sobre el papel queda de lujo, luego en la práctica requiere mucho más esfuerzo.
Ceuta no está preparada para facilitar esa accesibilidad. Uno puede comprobarlo en cualquier momento. No podemos hablar de igualdad si hay personas a las que se les merma cualquier tipo de desplazamiento libre, a las que se les colocan trabas para poder cumplir con el día a día sin requerir de ayudas externas.
Algo tan básico como hacer la compra, salir a la calle o acudir al trabajo resultan misiones imposibles sin poner en riesgo la integridad.
Ceuta tiene que avanzar mucho en este campo, en facilitar espacios más abiertos que permitan que realmente todos los ciudadanos podamos colocarnos la etiqueta de iguales. Hoy por hoy esto no es así, por mucho acto de cara a la galería que se organice.
Dice el documento de adhesión que este Ayuntamiento “considera prioritario integrar la accesibilidad en todas las políticas públicas locales”, promoviendo “entornos físicos, sensoriales, cognitivos y digitales que permitan la participación segura, cómoda y autónoma de todas las personas”.
No solo basta con considerar algo tan básico como prioritario, hay que creérselo y trabajar en ello.
No somos una ciudad accesible, pero podemos serlo si los que mandan creen esos discursos y trabajan por evitar las continuas piedras en el camino que se encuentran muchas personas.






