Esta semana vuelvo a dedicar mi columna al Foro Inturtech 2015 que tuvo lugar el mes pasado en Córdoba. El martes pasado ya hice mención a los principales ponentes y sus mensajes que giraban en torno a hacer del turismo un sector verdaderamente estratégico a nivel estatal.
Hoy escribo más sobre el debate y acerca del seminario Millenials y la economía colaborativa del turismo que tuvo lugar al día siguiente. La jornada del martes se cerró con un debate, moderado por Fernando Gallardo (crítico de hoteles de El País), que tuvo lugar entre Pedro Antón (informática El Corte Inglés), Ramón Estalella (confederación española de hoteles y alojamientos turísticos), Rafael Gallego (confederación española de agencias de viajes) y Kike Sarasola (RoomMate Hotels). Se habló sobre todo del auge de los llamados prosumidores en el sector turístico, que vienen a ser consumidores y productores a la vez, aprovechando el creciente uso de las plataformas p2p.
Cabe mencionar que las tensiones entre el sector hotelero y este tipo de webs han sido más que palpables en los últimos años, y en julio de 2014 la Generalitat de Catalunya multó a Airbnb (la plataforma más usada) por dar visibilidad a pisos alegales. Además hace justo un año Fenebus (la patronal de autobuses) denunció a Blablacar por lo que consideran “competencia desleal”, mientras la plataforma se defiende diciendo que ellos únicamente facilitan el contacto entre personas para que se organicen entre ellos compartiendo gastos de su viaje. Fernando Gallardo destacaba cómo, a pesar de todas las tensiones y la frecuente situación de alegalidad, no ha habido manera de frenar la incorporación de usuarios a todo este tipo de plataformas. En el debate me pareció que cada uno seguía encasillado en su punto de partida, con poca empatía y sin voluntad de entendimiento. También viene a ser lógico ya que cada cual defiende sus intereses, pero me gustaría destacar las intervenciones de Kike Sarasola, donde venía a decir “es que todos estamos hablando de lo mismo”, refiriéndose a que los hoteles se quejan de tener demasiadas regulaciones que cumplir, y que las propias plataformas p2p están pidiendo que se regularice la economía colaborativa. Quizás haya margen para encontrar un equilibrio entre estas dos situaciones.
Para el sector turístico da igual si la queremos llamar economía colaborativa, p2p o “bajo demanda”, ha llegado para quedarse. Incluso hace poco se publicó que James Costos, embajador de Estados Unidos en España, recomendaba tenerla en cuenta indicando que España “podría abrir un sano debate sobre estas cuestiones y contemplar maneras de poder canalizar oportunidades económicas individuales, garantizando a la vez que el respeto a las leyes y el pago de los impuestos”. El propio Costos también destaca cómo este nuevo modelo aporta “enormes beneficios tanto a los ofertantes, al generarles ingresos, como a los consumidores, al mejorar precios, calidad y opciones”. La sesión del miércoles fue un seminario de Fernando Gallardo acerca de Millenials y la economía colaborativa. Los millenials (o generación Y) son nacidos entre principios de los 80 y justo antes del milenio, con un fuerte apego a la tecnología, uso continuo de smartphones, redes sociales y un patrón de consumo muy ligado a recomendaciones personales o al “boca a oreja”. La verdad es que el mero hecho de poder contactar de forma instantánea con casi cualquier persona lo cambia todo, y a menudo no nos damos cuenta de la magnitud que todo esto tiene. Hoy en día no hacen falta enormes inversiones para crear una plataforma o sacar partido de alguna de ellas. De hecho el desarrollo tecnológico hace que vayamos hacia una sociedad de coste marginal casi cero, donde la cadena de valor es cada vez más horizontal y hacia una “economía de abundancia” frente a la tradicional economía de la escasez. Sin embargo, los datos dejan trazabilidad y seguro que vamos a perder seguridad pero ganaremos en libertad. Aunque la economía colaborativa no vaya a sustituir a la economía tradicional, grandes empresas tecnológicas acabarán dominando el sector turístico y esto puede ser una enorme oportunidad para transformarlo como sector (especialmente el turismo de interior), conocer mejor a cada cliente y conseguir emocionarlos. La forma que afectará todo esto a los estados es una incógnita. El propio Fernando Gallardo nos mencionaba “creo más en la relación de redes que en la estatal”. Vaticina que surgirán diferentes tipos de redes pero que “los bits no tienen territorio” y que “los estados tal y como los conocemos tenderán a desaparecer”. ¿Quizás sea la hora de un estado más facilitador?





