¡Viva Chile! ¡Viva el pueblo! ¡Vivan los trabajadores! Estas son mis últimas palabras y tengo la certeza de que mi sacrificio no será en vano, tengo la certeza de que, por lo menos, será una lección moral que castigará la felonía, la cobardía y la traición.
Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor"
Éstas fueron las últimas palabras de Salvador Allende mientras el Palacio de la Moneda estaba siendo bombardeado durante el golpe de Estado en Chile del 11 de septiembre de 1973, liderado por Augusto Pinochet. La dictadura militar duró 17 años.
Pinochet provocó la desaparición forzosa de miles de personas. Durante su represión ejecutó a prisioneros políticos, torturó y aprisionó a opositores y envió a miles de chilenos al exilio. En total, se calcula que la dictadura dejó un saldo de más de 40.000 víctimas.
El ultraderechista José Antonio Kast, que defiende gran parte del legado del dictador Augusto Pinochet, ha ganado las elecciones presidenciales chilenas de este domingo. Estados Unidos ha felicitado al ganador; le ha faltado tiempo a Trump que, paso a paso, se está haciendo con el control de los países que se apuntan al fascismo más recalcitrante de los tiempos que corren.
La izquierda chilena sufrió la peor derrota desde el retorno a la democracia en 1990.
¿Qué está pasando? ¿Olvidamos la historia en una desmemoria colectiva? ¿Estamos dispuestos a perder las conquistas sociales luchadas durante décadas?
¿Qué nos ofrece la extrema derecha que encandila al pueblo?
Populismo, control de los medios de comunicación, privatización de todo lo que se pueda, derechos que terminarán en el cubo de la basura: derecho al aborto, derecho a matrimonios del mismo sexo, no reconocer la violencia de género, capitalismo salvaje, negación del cambio climático, apoyo a la filosofía Trumpista, abolición de la eutanasia, implantar la pena de muerte, corrupciones sistemáticas, culto al líder, control absoluto de la escuela, nacionalismo de catecismo, desaparición de la memoria histórica..
Este cuadro refleja alguno de los ideales fascistas.
¿Qué ofrece la izquierda? Ahí está la clave. La decepción absoluta de sus militantes, el dejar de creer en ella, la corrupción, la doble moral, la falta de compromiso por transformar la sociedad,
¿Puede la izquierda imitar a la derecha aunque sea poniéndose una máscara? ¿Qué podemos hacer que no hacemos?
La izquierda sufre de una lenta agonía porque olvida quién es, a dónde va y de dónde viene. Se ha quedado en manos de mercaderes y trileros que ensucian al pueblo.
Y si cae la izquierda, la izquierda con rostro humano, Pinochet resurgirá de sus cenizas y, más que " proletarios del mundo, uníos, gritaremos el " sálvese quien pueda".
Veremos qué pasa en las próximas elecciones en nuestro país. Es posible que la derrota contundente de la izquierda sea una reflexión sobre esta caída que será complicada de evitar.
Que Puigdemont y Miriam Nogueras tengan piedad de nosotros.







El nivel cutural y educativo del vulgo es pasto del discurso de la extrema derecha y de la irresponsabilidad política y moral de la izquierda como ocurre en España, generando el caldo de cultivo propicio para el éxito de estos partidos populistas presididos y controlados por las élites oligarcas convertidas en meras carroñas políticas.
Si lo extrapolamos al ámbito local (Ceuta) desde mi punto de vista, solo el voto musulmán podrá frenar las aspiraciones de Vox a obtener mayoria absoluta o a la cogobernanza con el PP, algo irremediable que ocurrirá en muchas comunidades autónomas, que darán lugar a la fagocitación de la derecha española y al destierro de la izquierda por sus propios actos, muy alejados de esa "democracia como moral" tal y como la entendía el profesor Aranguren.