El deporte es salud, dicen. Pero en el centro deportivo Guillermo Molina, esa máxima se ha convertido en una contradicción para cientos de usuarios que, cada día, intentan entrenar o practicar natación en condiciones que rayan lo insalubre. Porque hablar del Guillermo Molina hoy es hablar de un centro donde el aire acondicionado brilla por su ausencia y donde el calor convierte cada visita en una prueba de resistencia.
Solo las oficinas y la sala de cardio cuentan con aire acondicionado. El resto del edificio, incluidas las gradas, las zonas comunes, las piscinas y el pabellón... se han convertido en auténticos hornos, especialmente ahora, en plena ola de calor. Las quejas de los usuarios son constantes. Muchos, directamente, han dejado de acudir: entrenar en esas condiciones es una tortura, no un servicio público.
Pero la situación no termina ahí. Cuatro vestuarios llevan más de dos semanas cerrados porque la caldera está averiada. Las duchas, lejos de ofrecer un respiro, expulsan agua ardiente que hace imposible refrescarse tras una sesión de ejercicio. Mientras tanto, no se ofrece solución ni información clara.
¿A qué espera el Ayuntamiento para actuar? ¿Cuánto más tiene que deteriorarse el servicio para que se consideren prioritarias estas reparaciones?
Ceuta merece unas instalaciones deportivas públicas que estén a la altura. No se trata de pedir lujos, sino de garantizar lo mínimo: un ambiente seguro, higiénico y digno para usuarios y trabajadores. Mantener un centro como el Guillermo Molina sin aire acondicionado en verano no es solo una incomodidad, es una irresponsabilidad.
Invertir en deporte no es solo construir instalaciones, es mantenerlas y cuidarlas. De lo contrario, se convierten en estructuras vacías, abandonadas por quienes más deberían disfrutar de ellas.






