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Blas de Lezo, un héroe olvidado

Por Jesús María Guzmán Villaverde (militar retirado)
12/12/2025 - 04:30
Imágenes cedidas

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Blas de Lezo y Olavarrieta, almirante español conocido por sus numerosas victorias navales destacando su defensa de Cartagena de Indias contra una fuerza británica muy superior en 1741. Aunque en su tiempo su hazaña no recibió el reconocimiento oficial que merecía, hoy Blas de Lezo es considerado uno de los más grandes estrategas navales de la historia, ejemplo de lealtad, sacrificio y habilidad militar en uno de los periodos más complejos del reinado de Felipe V.

Nace en Pasajes (San Sebastian) el tres de febrero de 1689, hijo de don Pedro Francisco de Lezo y doña Agustina Olavarrieta, siendo el cuarto vástago de una familia de diez hijos.

Inicia sus estudios en Francia, para acceder como guardiamarina en la Armada francesa, embarcado en el Foudroyant, nave capitana de la escuadra francesa, interviniendo el veinticuatro de agosto de 1704 en la Batalla de Vélez- Málaga durante la Guerra de Sucesión española contra fuerzas anglo- holandesas. Encontrándose en cubierta, una bala de cañón le destrozó la pierna izquierda, teniéndosela que amputar, sin anestesia, por debajo de la rodilla, sujetado por cuatro marineros mientras el médico extraía los cuerpos extraños y unía hueso con los trozos de carne que pendían de su pierna. Fue propuesto al ascenso inmediato, siendo ascendido a Alférez de Bajel de Alto Bordo.

Tras su recuperación, en 1705 vuelve a embarcar en diferentes navíos, tomando parte en las operaciones para socorrer las plazas de Peñíscola y Palermo; ataque al navío inglés Resolution, y apresamiento de dos naves que fueron conducidos a Pasajes y Bayona.

Durante la defensa de la fortaleza de Santa Catalina de Tolón, el veintinueve de julio de 1707, un impacto de un cañonazo en la fortificación, una esquirla se le aloja en el ojo izquierdo, perdiendo así para siempre la vista del mismo. Seria ascendido este mismo año al empleo de teniente de guardacostas en 1707, siendo destinado al puerto de Rochefort.

En 1710, a bordo del navío Nuestra Señora de Begoña, combatió contra una flotilla de diez navíos, enfrentándose al buque HMS Stanhope, armado con 70 cañones. Ambos navíos mantuvieron un combate hasta que situada a la popa del navío inglés, buscó situarse en el ángulo muerto de fuego del británico para impedir que este pudiera aprovechar toda su artillería de largo alcance, obligándolo a combatir a muy corta distancia. Aprovechando la mayor maniobrabilidad de su navío, atacó con el fuego realizado sobre la cubierta y los palos, causándole graves daños, forzándole a retirarse. Blas de Lezo, herido en este combate, fue ascendido a capitán de fragata.

"A pesar de la pérdida de un ojo, una pierna y un brazo en distintos combates navales, forjó una carrera militar excepcional que le valió los apodos de "Patapalo" y "Mediohombre"

El abordaje era una maniobra ofensiva por el cual los navíos españoles realizaban sus disparos de los cañones a corta distancia lanzando garfios para abordar el barco enemigo, para buscar el cuerpo a cuerpo hasta lograr la rendición. De esta manera, buques con tripulaciones numéricamente inferiores, conseguían apresar a otros con mayor dotación y tamaño.

En 1712, sirve a las órdenes del almirante Andrés de Pez, que viendo la profesionalidad y valentía de Lezo, firmaba varios escritos que le valieron su ascenso a capitán de navío en 1713.

Participa en el asedio de Barcelona al mando del navío Campanella, el día once de septiembre de 1714, durante la Guerra de Sucesión Española, con la caída de Barcelona ante las tropas borbónicas de Felipe V. Este día finalizaba el sitio de Barcelona, que había durado más de un año, que había resistido en apoyo del archiduque Carlos de Austria, siendo finalmente tomada por las fuerzas franco-españolas.

La Guerra de Sucesión Española se desata entre los años 1701 y 1714, por la muerte sin descendencia de Carlos II de España, designando como su sucesor a Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia, con la esperanza de mantener la integridad territorial de España.

Sin embargo, esta decisión provoca que Inglaterra, Países Bajos y el Sacro Imperio Romano Germánico, designen como candidato al Archiduque Carlos de Austria, de la Casa de Habsburgo.

La guerra concluyó con los Tratados de Utrecht (1713) y Rastatt (1714).

La Guerra de Sucesión Española supuso el fin de la hegemonía española en Europa, el ascenso de Gran Bretaña como potencia marítima y comercial, y la consolidación de la dinastía Borbónica en España con un nuevo modelo de Estado centralizado.

El nombre de Blas de Lezo siempre ha estado situado en la lista negra del independentismo por su participación en el asedio a Barcelona con las fuerzas de Felipe V durante la Guerra de Sucesión. Una guerra que el independentismo catalán ha reescrito la historia como un símbolo de la lucha por la independencia.

En 1715, al mando de Nuestra Señora de Begoña, se dirige con una flota a reconquistar Mallorca, que se rinde sin realizarse un solo disparo.

Un año después parte hacia La Habana escoltando a una flota de galeones, permaneciendo hasta 1720, asignándosele un nuevo navío dentro de una escuadra hispano-francesa al mando de Bartolomé de Urdizu con la misión de limpiar de corsarios y piratas los llamados mares del sur, que bañaban las costas del Virreinato del Perú.

En Perú, Blas de Lezo conocería a la que habría de ser su esposa, doña Josefa Pacheco Bustios contrayendo matrimonio el día cinco de mayo de 1725, de cuya unión tuvo dos hijos y una hija.

En 1730 regresó a España siendo ascendido a jefe de la escuadra naval del Mediterráneo.

En reconocimiento de sus servicios al Rey, éste le concede en 1731 como estandarte para su nave capitana la bandera morada con el escudo de armas de Felipe V, las órdenes del Espíritu Santo y el Toisón de Oro alrededor y cuatro anclas en sus extremos.

En 1732, a bordo del navío Santiago participa en la expedición a Orán con una fuerza de 54 buques y 30.000 hombres al mando del general Cornejo, jefe de la flota y el duque de Montemar, jefe de la fuerza terrestre, consiguiendo rendir la ciudad, aunque al dejar la ciudad, fue de nuevo ocupada por el enemigo.

Lezo regresa en su socorro con seis navíos y 5.000 hombres, haciendo huir tras dura lucha a los argelinos, persiguiendo su nave Capitana de Argel, refugiándose en la bahía de Mostagán, defendida por dos castillos y 4.000 hombres, atacándolas hasta incendiarlas y destruirlas.

Es ascendido al empleo de teniente general de la Armada en 1734 por real orden.

Tres años más tarde, en 1737 regresa a América con los navíos Fuerte y Conquistador como comandante general del apostadero (puerto donde se reúnen varios buques de guerra bajo un solo mando) de Cartagena de Indias, plaza que tendría que defender en 1741 del sitio que le sometió el almirante inglés Edward Vernon.

Vernon, al mando de una flota formada por ciento noventa y cinco naves y treinta mil hombres, tenía el objetivo de ocupar Cartagena de Indias, principal puerto del Virreinato de Nueva Granada, que se encontraba defendido por Blas de Lezo.

Frente se encontraba una fuerza de tres mil hombres, seis navíos de guerra, Galicia, que era la nave capitana, el San Felipe, el San Carlos, el África, el Dragón y el Conquistador.

Tras tomar algunas de las defensas de la ciudad, el asalto británico al castillo San Felipe de Barajas, último baluarte, fracasaba el intento el día veinte de abril, con grandes bajas debido al combate, por enfermedades y las condiciones meteorológicas. Los ingleses desistieron al no conseguir el objetivo abandonando el asedio.

Se da la curiosidad que los ingleses acuñaron unas monedas grabadas con anterioridad para celebrar la victoria que nunca llegó y que Vernon había enviado apresuradamente a Londres anunciando su victoria cuando entraba en la bahía de Cartagena. Tan convencidos estaban de la derrota que pusieron medallas en circulación que decían en su anverso: «Los héroes británicos tomaron Cartagena el 1 de abril de 1741» y «El orgullo español humillado por Vernon».

El rey de Inglaterra, Jorge II prohibió hablar de ella o que se escribieran crónicas alusivas al hecho, como si nunca hubiese ocurrido. En su retirada, el almirante Vernon se alejaba de la bahía gritando: «God damn you, Lezo!» (¡Que Dios te maldiga Lezo!). En respuesta, Blas de Lezo pronunció la inmortal frase: “Para venir a Cartagena es necesario que el rey de Inglaterra construya otra escuadra mayor, porque ésta sólo ha quedado para conducir carbón de Irlanda a Londres, lo cual les hubiera sido mejor que emprender una conquista que no pueden conseguir”.

Blas de Lezo murió poco después falleciendo a los 52 años, en Cartagena de Indias el 7 de septiembre de 1741. Recibiría a título póstumo el título de marqués de Ovieco.

Blas de Lezo y Olavarrieta, a pesar de la pérdida de un ojo, una pierna y un brazo en distintos combates navales, forjó una carrera militar excepcional que le valió los apodos de «Patapalo» y «Mediohombre». Estas graves heridas no mermaron su capacidad, sino que realzaron su figura como uno de los estrategas más brillantes y audaces de la Marina española. Su ingenio táctico, unido a un valor inquebrantable, lo consolidó como una de las personalidades más legendarias de la historia naval.

Entre sus numerosas gestas, destaca de manera sobresaliente la defensa de Cartagena de Indias en 1741, donde, al mando de una fuerza muy inferior, consiguió repeler y derrotar a la imponente armada británica comandada por el almirante Edward Vernon. Aquella victoria, elevó definitivamente su nombre a la categoría de mito militar.

Su legado perdura hasta nuestros días. Prueba de ello es que una de las unidades más modernas de la Armada Española, la Fragata F-103, forma parte de la clase Álvaro de Bazán y lleva con orgullo el nombre de «Blas de Lezo», rindiendo homenaje a la memoria de un marino cuya vida fue ejemplo de tenacidad, inteligencia y servicio a España.

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