Próximo a su aniversario, 83 años de la acción, la batalla de Krasny Bor fue librada el 10 de febrero de 1943, uno de los enfrentamientos más sangrientos y heroicos en los que participó la División Azul (250.ª División de Infantería), formada por voluntarios españoles, durante la Segunda Guerra Mundial.
Krasny Bor, formó parte de un plan llamado Operación “Estrella Polar” (Krasnaya Svezda), ideada por el General Zhukov, que constaría de sucesivas ofensivas contra el Grupo Norte alemán al objeto de destruirlo, liberar definitivamente a Leningrado de su asedio y cercar al 18.º Ejército alemán. El objetivo era un sector estratégico clave, un sector de unos 20 kilómetros que controlaba la carretera y el ferrocarril que conectaba Moscú con Leningrado.
La diferencia de fuerzas era abrumadora, lo que convirtió la defensa española en una gesta militar sin precedentes, el bando soviético contando con aproximadamente 44.000 hombres, y el bando español con unos 5.900 soldados en el sector del ataque, armados principalmente con fusiles, ametralladoras y cañones antitanque ligeros (que resultaban ineficaces contra los tanques pesados soviéticos).
La unidades españolas que participaron en la defensa del lugar en primera línea del frente se situaba el Regimiento de Infantería 262º mandado por el Coronel Manuel Sagrado Marchena compuesto por los Batallones Iº/262, IIº/262 (salvo el IIIº/262), compañía de cañones de Infantería (CCI) 13ª/262 que contaba con 6 piezas de 75 mm y dos de 150 mm y la compañía de antitanques 14ª/262 con nueve piezas pak de 37 mm, junto al Batallón de Reserva Móvil 250º (La Tia Bernarda) al frente el Capitán Alfredo Miranda Labrador, el Grupo de Exploración 250º al mando el Capitán José García Castro y Batallón de Zapadores 250º con el Comandante Alfredo Bellod Gómez y la Compañía de Esquiadores al mando del Capitán Joaquin Ordás Lata.
Así mismo, disponía del apoyo artillero del Regimiento de Artillería 250º cuyo mando ostentaba el Coronel Francisco Bandín Delgado con el Grupo Iº de Artillería de la División al mando del Comandante Guillermo Reinlein Calzada compuesto por tres Baterías del Grupo Iº, dos Baterías del Grupo IIIº y dos Baterías del Grupo IVº (siete en total) siendo las dos primeras ligeras con piezas de 105 mm y la ultima, pesada con piezas de 150 mm empleándose otras Baterías desde retaguardia.
Además del Grupo de Antitanques Divisionario 250º bajo la responsabilidad del Comandante La Cruz dotado con piezas alemanas pak 40 75/46, insuficientes para enfrentarse a los tanques soviéticos.
Por parte soviética intervendría la Agrupación de Leningrado que contaba con el 55º Ejército, cuatro Divisiones (72ª, 63ª, 45ª y 43ª), una Brigada
Motorizada (35ª), dos Brigadas de tanques (118ª y 122ª) y dos Regimientos de Carros (31ª y 46ª) y reforzadas con dos Brigadas de Esquiadores (34ª y 250ª), contando con el apoyo artillero de más de 800 piezas y unos 100 tanques (incluyendo los pesados KV-1) y T-34.
A las 6:45 de la mañana del 10 de febrero, la artillería soviética lanzó un bombardeo masivo que duró dos horas. Se dispararon decenas de miles de proyectiles, causando el 50% de las bajas españolas antes de que empezara el combate a pie calculándose que se disparó una media de un obús cada diez segundos.
Los soviéticos emplearon contra Krasny Bor, piezas de 122 mm, lanzacohetes de saturación “Katyusha”, morteros de 120 y 82 mm y cañones antitanque de 76 mm.
Tras el bombardeo, la infantería y los tanques soviéticos avanzaron confiando en que no habría supervivientes. Sin embargo, los españoles que quedaron en pie salieron de sus búnkeres y pozos de tirador, rechazando las oleadas soviéticas con ametralladoras, granadas y, en muchos casos, en combate cuerpo a cuerpo con bayonetas y palas (empleadas como hachas), conocidas como la "Cuchara de Palo", útil de mango corto, empleado para cavar pozos de tirador o trincheras. La batalla se convirtió en un combate brutal, casa por casa y trinchera por trinchera. Los españoles utilizaron cócteles Molotov y minas magnéticas para frenar a los tanques.
A pesar de quedar cercados en varios puntos, los destacamentos españoles frenaron el avance soviético el tiempo suficiente para que los alemanes pudieran enviar refuerzos y estabilizar el frente.
La División Azul sufrió cerca de 4.000 bajas en un solo día (entre muertos, heridos y desaparecidos), lo que representaba el 80% de las fuerzas presentes en ese sector mientras que las del Ejército Rojo perdió entre 10.000 y 12.000 hombres.
Aunque los soviéticos lograron avanzar unos 3-5 kilómetros y capturar el pueblo de Krasny Bor, fracasaron en su objetivo principal, la batalla fue un fracaso estratégico para Stalin. La defensa española frenó el avance el tiempo suficiente para que llegaran refuerzos alemanes y el frente se estabilizara. La resistencia de los españoles impidió el colapso del frente sur de Leningrado y evitó que el cerco fuera levantado de forma total y rápida en ese momento.
Tanto los mandos alemanes como los soviéticos quedaron asombrados por la tenacidad de los soldados españoles, reconociendo en sus memorias la tenacidad de los "soldados del sur", a quienes consideraban indisciplinados en el cuartel pero extraordinariamente valientes y eficaces en el combate.
Se dice que el General alemán Georg Lindemann, jefe del 18º Ejercito llamó a los españoles “héroes de leyenda”, pronunciando estas palabras: “Si en el frente os encontráis a un soldado mal afeitado, sucio, con las botas rotas y el uniforme desabrochado, cuadraos ante él y saludadlo: es un héroe, es un español" , a la vez que sentía una profunda admiración por la combatividad de los españoles pese a su falta de disciplina.
Esta frase también se atribuye al General de Artillería Kurt Herzog (que por error lo nombran como Jurgens), Comandante General del XXXVIIIº Cuerpo de Ejército de la Wehrmacht.
Destacaron por sus acciones heroicas en esta batalla otorgándose las máximas condecoraciones militares, el Capitán Manuel Ruiz de Huidobro, jefe de la 3ª Compañía del Regimiento 262, condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando a título póstumo, su compañía ocupaba una posición crítica sobre el terraplén del ferrocarril siendo atacado por fuerzas superiores. A pesar de estar rodeado y con la mayoría de sus hombres muertos o heridos, se negó a retroceder. Se dice que recorría las trincheras animando a sus soldados con el grito: “¡Que somos españoles! ¡Que esto no es nada! ¡Que por aquí no pasan!”. Murió defendiendo su posición logrando retrasar el avance ruso.
Capitán Teodoro Palacios Cueto, jefe de la 5ª Compañía, recompensado con la Cruz Laureada de San Fernando, siendo el único de la batalla que la recibió en vida (aunque años después). Su unidad quedó totalmente cercada en la zona de “El Bastión”. Resistió durante 9 horas ataques incesantes de infantería y tanques sin apenas munición. Su resistencia fue clave para evitar que los soviéticos tomaran la carretera hacia Leningrado. Fue hecho prisionero y pasó 11 años en los gulags soviéticos hasta su liberación en 1954.
Cabo de la 3ª Compañía de Zapadores Antonio Ponte Anido, condecorado con la Cruz Laureada de San Fernando a título póstumo por su intervención en el combate, un tanque soviético T-34 logró romper las líneas y se dirigía directamente hacia un hospital de campaña lleno de heridos españoles. Ponte Anido, al ver que las armas antitanque no lograban detenerlo, cogió una mina contra carro alemana (TELLER TK-42) y, herido de bala, corrió hacia el blindado, lanzándose bajo las cadenas del tanque activando la mina, destruyendo el blindaje y deteniendo su avance, perdiendo la vida en la acción. Sargento Ángel Salamanca Salamanca, condecorado con la Medalla Militar Individual. Combatía bajo las órdenes del capitán Palacios. A pesar de estar herido en la cabeza y las piernas, siguió manejando su ametralladora y dirigiendo a sus hombres en el cerco total de su posición. Fue capturado junto a Palacios y sobrevivió a los 11 años de cautiverio en Rusia, convirtiéndose en símbolo de la resistencia de los prisioneros españoles.
En resumen, la batalla de Krasny Bor, la última gran batalla del Ejército español, es recordada militarmente como una victoria defensiva desesperada, donde una fuerza muy inferior logró detener una ofensiva masiva a costa de muchas bajas. Esta batalla aceleró la retirada de la División Azul del frente ruso, ya que el desgaste fue masivo, siendo replegada el día 1 de octubre de 1943.
Hoy en día, es estudiada en academias militares como un ejemplo extremo de defensa elástica y resistencia heroica contra una superioridad numérica aplastante.
En mi opinión considero que la aplicación de la Ley 52/2007 de la llamada Memoria Histórica, persigue injustamente a la División Azul, ya que el Gobierno inspirado por una ideología, pretende «desacreditar la memoria de sus héroes haciéndose más necesario que nunca honrarlos» para evitar que su recuerdo sea borrado. Así se escribe la Historia.
Basta recordar que la Residencia de Tropa del Regimiento de Ingenieros núm. 8 de Melilla, “Acuartelamiento Arenas”, cuyo nombre ostentaba “Cabo Ponte Anido”, fue retirada.






