Es la idea estrella del Ministerio del Interior para hacer frente a la crisis de Ceuta asociada a la entrada masiva de personas procedentes de Marruecos entre los días 30 y 31 de julio.
Una barrera de contención que para algunos guardias civiles no deja de ser un mero parche. Su experiencia sostiene una aseveración que el tiempo y los juzgados determinarán si es válida o no para evitar las nuevas presiones que pueden seguir amenazando el espacio fronterizo.
El elemento principal es una “barrera neumática de 500 metros de longitud, con una altura en superficie de 30 a 70 centímetros y una parte sumergida de hasta un metro de profundidad”, explicó Interior.
Esta estructura se combina con una primera línea de boyas fondeadas proporcionadas por la Armada.
El Gobierno aclara que un canal intermedio “permitirá a las embarcaciones de la Guardia Civil garantizar en todo momento la protección de la barrera neumática”.
Sobre el papel parece una idea brillante, pero para los agentes que tienen que lidiar con esta situación se presenta como un parche expuesto a que jurídicamente no se encuentre con trabas ante posibles denuncias. Así lo tildan.
El sistema de boyas, como elemento de delimitación, está expuesto a los duros temporales que azotan el Tarajal, lo que mermaría notablemente su efectividad y perdurabilidad en el tiempo.
La clave que realmente supondría una alternativa seria a esta situación se centra en dar con una legislación adecuada que reporte garantías y rebaje las muertes.
Esa barrera de contención a modo de virtual alargamiento del espigón carece de efectividad para todos aquellos nadadores que son trasladados en las pateras de pesca marroquíes o los ayudados por motores humanos que llevan a cabo un trayecto marítimo cada vez más alejado de la costa y, por tanto, más peligroso para sus vidas.
Las entradas marítimas se realizan mayoritariamente así, abriéndose cada vez más en su trayecto.
La colocación de esta barrera en Tarajal deja la vía abierta a las entradas masivas por Benzú, bahía que ha sufrido importantes presiones migratorias durante años y cuyo espigón sufre una degradación notable.
Su colocación allí no se ha valorado ni hecho pública por sus deficiencias técnicas, tampoco se ha concretado que sea factible hacerlo, pero su ausencia puede suponer la vía de presión y escape para los movimientos de tránsito que no usen la entrada de Tarajal, la que llevó a miles de personas a ejecutar el pase más temerario de todos que ha dejado casi cien víctimas mortales.
Blindar Tarajal y no tocar Benzú es, a ojos de guardias civiles, una auténtica temeridad.
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