Desde hace unos días en el hall del instituto la bandera arco iris viste uno de los espacios en los que transita el alumnado. En esta planta se encuentra la sala de profesores, despacho de la dirección, jefatura de estudios, aula del futuro y Departamento de orientación.
Ver la inmensa bandera LGTBI me produce una emoción indescriptible; de hecho tuve que contener las lágrimas disimulando el triunfo de miles de personas que hicieron posible la conquista social de unos derechos inalienables: vivir sin tapujos, sin esconderse, sin ser criminalizados por manifestar su sexualidad y tener que esconder las distintas formas de la libertad sexual.
La bandera arco iris en un instituto público es un símbolo del triunfo de tantas personas que tuvieron que ocultarse y pagar con su vida por reivindicar con una sola voz que la sociedad y la ley fueran aceptando la diversidad de amar en el pleno sentido de la palabra.
El 17 de mayo de 1990 la Organización Mundial de la Salud dejó de considerar a la homosexualidad como una enfermedad mental. Esta fecha conmemora el Día Internacional contra la LGTBIfobia.
Esta "enfermedad" contaba con usa serie de técnicas psiquiátricas:
Terapia de reorientación sexual, terapias de conversión sexual, terapia reparativa o de deshomosexualización son los distintos nombres con los que se conoce a una serie de métodos pseudocientíficos enfocados al cambio de la orientación sexual de personas homosexuales y bisexuales para intentar convertirlos en heterosexuales.
Actualmente algunos grupúsculos siguen abogando por la modificación del comportamiento, la terapia de aversión, la oración y el consejo religioso.
En la actualidad mantener relaciones sexuales consensuadas con una persona de tu mismo sexo puede ser castigado con la pena capital en once países del mundo, según diferentes asociaciones y organizaciones de derechos humanos.
La Ley de Vagos y Maleantes de 4 de agosto de 1933 fue modificada por la Ley franquista de 15 de julio de 1954 que introdujo la figura del estado peligroso de homosexualidad. Según esta Ley, el homosexual, por su condición, suponía un peligro contaminante para la moral sexual colectiva. Por esa razón, aunque no hubiera cometido un delito, debía ser corregido; a tal fin se le aplicaron terapias aversivas con la intención de convertirlo en heterosexual. Desde los sectores jurídicos aferrados al nacional catolicismo y, sobre todo, en el ámbito judicial, se justificó la inclusión del estado peligroso de homosexualidad entre los demás estados peligrosos por erigirse en una pandemia de inmoralidad pública y privada. El Derecho penal fue la herramienta empleada para internarlos en prisiones comunes y en campos de concentración.
Tuvimos que esperar al 31 de abril de 2005 para que el gobierno socialista aprobara la ley de matrimonio igualitario.
Ante el congreso de los diputados Pedro Sánchez defendió la ley que aprobaría el matrimonio homosexual:
“Reconocemos hoy en España el derecho de las personas a contraer matrimonio con otras de su mismo sexo. No hemos sido los primeros, pero tengo por seguro que no seremos los últimos. Detrás vendrán otros muchos países impulsados por dos fuerzas imparables: la libertad y la igualdad.
No estamos legislando, para gentes remotas y extrañas. Estamos ampliando las oportunidades de felicidad para nuestros vecinos, para nuestros compañeros de trabajo, para nuestros amigos y para nuestros familiares, y a la vez estamos construyendo un país más decente, porque una sociedad decente es aquella que no humilla a sus miembros.
Hoy la sociedad española da una respuesta a un grupo de personas que durante años han sido humilladas, cuyos derechos han sido ignorados, cuya dignidad ha sido ofendida, su identidad negada y su libertad reprimida. Hoy la sociedad española les devuelve el respeto que merecen, reconoce sus derechos, restaura su dignidad, afirma su identidad y restituye su libertad”.
Fueron 183 votos a favor, seis abstenciones y 136 votos en contra, pero salió adelante la ley.
Todo está por hacer y tendrán que pasar muchos años y muchas generaciones para que esta normalización sea entendida tan normal como el aire que respiramos; por ello no debemos bajar la guardia.
Yo esperé 55 años hasta que me sumé a la causa rompiendo todos los armarios en los que pasé mi vida.
Estoy en deuda con los pioneros, con los encarcelados, con los torturados, con los ejecutados, con los que salieron a las calles jugándoselo todo.
Es por ello que no puedo permanecer en silencio, no es justo. Dentro del ámbito en el que vivimos cada uno hay que contar lo que de nosotros y lo que pudimos aprender de los otros que nos rescataron.
Dar las gracias al Departamento de igualdad del Camoens por la iniciativa de abrir la ventana a los alumnos desde la bandera arco iris.






