Alguna vez habréis escuchado la expresión “ser un bala perdida”. No es más que sentir que no tienes rumbo. Te pierdes entre tus obligaciones, te obcecas en tus problemas y nada importa más que eso. A veces tienes el apoyo de tu familia o amigos. Sin embargo, también los hay que no lo tienen.
Todo es confusión y desánimo ya que parece que lo que haces, sientes y experimentas no sirve para nada a los ojos de los demás. Creo que todos hemos podido sentirnos así: sin un destino pero también hemos de saber que si nosotros no movemos ficha difícilmente alguien lo hará. Estudiantes, trabajadores amargados por no hacer lo que creen mejor para sí mismos pero no reciben un respaldo que les empuje a seguir por la vía que desean. Aquí nace la “bala perdida”, guiada por las ambiciones de otros ya sea por fines lucrativos, de autoestima o el deseo de querer reproducir su misma vida en esta persona.
Seguir un camino, de eso trata la vida. Siempre encontraremos males que intenten destruirlo pero tenemos que encauzar nuestro río pues nadie tiene por qué salvarnos de una vida que no queremos ni hemos elegido. Mantenerse firme en nuestra idea, en esa ansía que nos impulsa cada día más.






