A medida que Marruecos avanza en su papel como uno de los países anfitriones del Mundial de Fútbol de 2030, el país vecino enfrenta una nueva polémica que trasciende lo deportivo.
Diversas organizaciones internacionales de bienestar animal acusan al Gobierno de llevar a cabo una campaña de exterminio de perros callejeros con el objetivo de “limpiar” las calles en zonas turísticas y ciudades candidatas a ser sedes del torneo.
Mientras tanto, las autoridades marroquíes insisten en que las acusaciones son falsas y que el país mantiene un programa oficial de control ético basado en la captura, esterilización, vacunación y retorno de los animales.
La controversia estalló tras la difusión de videos, fotografías y testimonios que mostraban supuestos operativos de eliminación de perros callejeros en diferentes regiones del país.
Estas imágenes, difundidas por redes sociales y recogidas por la International Animal Welfare and Protection Coalition (IAWPC) y otras organizaciones, alimentaron las sospechas de que las autoridades locales estarían intensificando las acciones de “limpieza urbana” de cara al Mundial.
Según dichas entidades, los métodos denunciados incluirían disparos, envenenamientos y capturas violentas, además de traslados a centros donde los animales serían sacrificados. En algunos informes se menciona que, si la tendencia continúa, millones de perros podrían ser eliminados en los próximos años.
Algunas ONG hablan de un número potencial de hasta tres millones de animales en riesgo, aunque se trata de una proyección estimada basada en escenarios de reducción poblacional agresiva.
El Ministerio del Interior de Marruecos ha rechazado categóricamente estas acusaciones. En declaraciones recogidas por medios nacionales e internacionales, el funcionario Mohamed Roudani afirmó que no existe ninguna campaña de exterminio, y que la estrategia del país se basa en un enfoque de salud pública y bienestar animal.
El Gobierno reconoce que la presencia de perros callejeros plantea desafíos en materia de seguridad ciudadana y control de la rabia, pero sostiene que el método aplicado busca reducir la población de manera humanitaria.
Desde 2019, Marruecos asegura haber implementado un programa oficial conocido como “Trap, Neuter, Vaccinate and Return” (TNVR) —Capturar, Esterilizar, Vacunar y Retornar—, destinado a controlar la población canina sin recurrir a sacrificios masivos.
El debate se intensificó tras la publicación de un reportaje de The Athletic, citado por varios medios, que mencionaba la existencia de un supuesto centro de eliminación o “kill centre” en las afueras de Marrakech.
Aunque las autoridades negaron la información, el artículo volvió a colocar el tema en el foco internacional.
Por su parte, un trabajo de Associated Press señala que, si bien Marruecos ha desarrollado centros de control animal donde los perros son vacunados, esterilizados y marcados antes de ser devueltos a la calle, existen denuncias sobre casos aislados de maltrato y eutanasia por disparo, principalmente en municipios donde los recursos son limitados. Las autoridades, según la agencia, los califican de episodios excepcionales que no reflejan la política nacional.
El impacto de estas denuncias ha alcanzado a la FIFA, que confirmó estar en contacto con la IAWPC y otras organizaciones para evaluar la situación y asegurar que Marruecos cumpla los compromisos adquiridos durante el proceso de candidatura.
En declaraciones citadas por The Independent, el organismo rector del fútbol mundial afirmó que supervisará el respeto de los estándares de bienestar animal, del mismo modo que exige garantías en materia de derechos laborales, sostenibilidad y transparencia para la organización del Mundial.
La postura de la FIFA es clave, ya que el Mundial 2030 es un evento de largo recorrido, y cualquier medida adoptada hoy puede tener efectos sostenidos durante los próximos años. La presión pública sobre los grandes torneos deportivos incluye cada vez más aspectos sociales y éticos, desde la huella ambiental hasta la protección de animales.
El debate refleja una brecha profunda entre los relatos oficiales y los de las ONG.
Mientras los defensores de los animales insisten en que las matanzas continúan y se agravan conforme se acerca el Mundial, el Gobierno defiende que el programa TNVR es una iniciativa eficaz y respetuosa, aunque reconoce la dificultad de implementarlo plenamente en todo el territorio.
Esta dualidad se repite en ciudades donde la población canina sin hogar es numerosa, y donde los conflictos entre salud pública y bienestar animal suelen exacerbarse en contextos de gran exposición internacional.
El tema seguirá generando controversia. Organizaciones internacionales de protección animal continúan pidiendo una moratoria inmediata a las cacerías y sacrificios, y reclaman transparencia en la aplicación del programa TNVR.
Además, el caso plantea un desafío reputacional para Marruecos, que busca proyectar una imagen moderna y segura de cara al Mundial, al tiempo que enfrenta el escrutinio de los medios y del público global. La FIFA, por su parte, deberá demostrar que sus compromisos en materia de responsabilidad social se traducen en acciones concretas más allá del discurso.
En el fondo, el debate sobre los perros callejeros en Marruecos no es solo una cuestión de política animal: refleja cómo los países que albergan megaeventos internacionales gestionan sus problemas locales bajo la mirada del mundo. El reto para el país magrebí será encontrar un equilibrio entre la salud pública, el bienestar animal y la imagen internacional que desea proyectar al acoger una de las citas deportivas más importantes del planeta.
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