Hoy, en el árbol trasplantado desde la Puerta Califal del Puente del Cristo a los Jardines de la Argentina, se hacen evidentes los efectos de una mala praxis en su manejo. Basta una simple observación para notar que el ejemplar se encuentra en un estado agónico, resultado de la ausencia total de un protocolo adecuado durante su apeo, traslado, trasplante y posterior riego.
Desde DAUBMA, nos vemos en la obligación de recordar tanto a la empresa Don Árbol como a la Consejería de Medio Ambiente un concepto básico pero esencial: la fotosíntesis.
La fotosíntesis es el proceso mediante el cual los árboles producen su propio alimento. Utilizan la luz solar, el agua y el dióxido de carbono para generar glucosa y liberar oxígeno. Es, en esencia, una cocina natural que transforma elementos inorgánicos en vida.
Sin embargo, cuando las hojas están marchitas y secas, este proceso vital se detiene. Y eso es exactamente lo que estamos presenciando: la muerte lenta de un árbol con más de treinta años, que hasta hace poco capturaba CO₂ y producía oxígeno, contribuyendo activamente al bienestar de la comunidad.
La pregunta que nos hacemos es inevitable:
Si este árbol muere, ¿quién será responsable?
¿La ciudad, por permitirlo? ¿La empresa Don Árbol, por ejecutarlo sin rigor? ¿O los ciudadanos, por no exigir medidas más conservacionistas para proteger nuestras zonas verdes y nuestro patrimonio natural?
Lamentablemente, todo apunta a que, como en casos anteriores, la historia terminará con una denuncia de DAUBMA y una sanción simbólica a la empresa encargada. Una sanción que, lejos de reparar el daño, perpetúa la negligencia.






