La cuesta de enero pesa en los bolsillos de toda Ceuta. No solo en los de los vecinos, también en los de las empresas. El tejido local afronta una etapa en la que, en la mayoría de los casos, emplean los beneficios obtenidos en las fiestas en sufragar costes.
“Incluso para quienes venden más en Navidad, no suele ser un beneficio limpio. En muchos casos las ganancias sirven para pagar facturas atrasadas, impuestos, proveedores o gastos acumulados”, asegura Arantxa Campos, presidenta de la delegación local de la CECE.
Reconoce que los ingresos de finales de diciembre “ayudan”, pero “solo de forma limitada”. A pesar de que expone que gran parte de los servicios y suministradores de bienes privados responden al comercio y a la hostelería, “no todas aumentan su liquidez en estas fechas”, especifica.
“Algo de oxígeno”
Manifiesta que sí que “para ellas estas festividades suelen ser un momento de mayor actividad”, pero que no siempre esa entrada de capital genera un buen rendimiento, ya que ese dinero se emplea en cubrir desembolsos necesarios.
Remarca que, “con suerte”, puede derivar “en un pequeño margen de beneficio que permita empezar el año con algo de oxígeno”. Sin embargo, estima que esta situación “no es una solución estructural” y que “es simplemente un alivio puntual”.
Asimismo, destaca que “muchos negocios de otros sectores no notan una mejora significativa o, directamente, no la perciben en absoluto”. Ante el escenario presente, Campos recalca que “las empresas no pueden vivir de campañas ni de picos. Lo que realmente necesitan es estabilidad durante todo el año y, sobre todo, saber hacia dónde quiere ir la ciudad a medio y largo plazo”, cree.
A su juicio, “sin una visión clara de futuro, es muy difícil que un empresario se anime a invertir, ampliar o contratar más personal. Las decisiones empresariales no se toman pensando en una campaña, sino en el horizonte de los próximos años”.

Cambios en 2026
Los cambios anunciados por el Gobierno para 2026 generan cierta inquietud. La implantación de Verifactu o una nueva subida del salario mínimo produce cierta incertidumbre entre los ceutíes dedicados a este ámbito profesional.
De hecho, la intención inicial del Ejecutivo central es colocarlo en el 60% de la nómina media. Los integrantes de la confederación se sienten un tanto escépticos ante ese propósito. La razón radica en que el sueldo medio es “artificialmente más alto” de lo que debería.
Campos ahonda en esta conclusión. Incide en que no es un valor que “refleja la situación completa” ya que no contiene “a las empleadas de hogar ni al sector agrario”.
Aclara que, desde la perspectiva del ente, decantarse por esta variable como base para sacar el porcentaje buscado, provoca “una política” fundamentada en “una realidad que no existe”.
Agrega que “la subida del SMI no solo afecta a quienes lo cobran, sino que provoca un efecto dominó sobre el resto de remuneraciones y sobre las cotizaciones sociales”, expone.
Seguridad Social
La segunda modificación que prevé es la incorporación de Verifactu, un sistema que obliga a las empresas a digitalizar su facturación. Aunque cree que puede mejorar su organización y productividad, en sí el coste de la adaptación lo asume el empresario, según cuenta.
A esto se une que algunas compañías de Ceuta pueden verse avocadas a usar dos sistemas, “lo que complica aún más la gestión diaria”. Los negocios locales no solo van a sumergirse en esa metamorfosis. También les espera un decrecimiento de las bonificaciones a la Seguridad Social destinadas a Ceuta.
La normativa estatal lo contempla, tal y como relata. “Si desaparecen, el incremento de costes laborales será inmediato y supondrá, para muchos, el golpe de gracia definitivo”, asevera.

Aumento del 2,4%
La CECE hace hincapié en que ambas decisiones producirán efectos en el tejido empresarial. Sin embargo, ¿cómo se traducen a las cifras? Los datos estiman que las empresas van a experimentar un “incremento significativo” tras el aumento del 2,4% del coste laboral, tal y como apuntan los datos provisionales.
El importe que alberga las cotizaciones a la SS y otros desembolsos a pagar por cada trabajador contratado. Tras ese porcentaje se encuentran crecimientos de 17 trimestres consecutivos. “Eso significa que año tras año el precio de la hora trabajada no deja de crecer”, comenta.
A pesar de que parezca un número pequeño, puede generar una repercusión en el sector productivo de Ceuta. “La mayoría de las compañías son pequeñas y familiares por lo que el aumento se nota de forma inmediata”, detalla.
A su vez ello deriva en una cadena de consecuencias. Arantxa subraya que esta subida de gastos y la falta de aumento de productividad conducen a subir los precios o a asumir los importes a abonar “reduciendo sus beneficios”. La primera opción “afecta al consumidor” y la segunda “limita la inversión y la creación de empleo”.
El aumento del SMI, la inversión económica para utilizar Verifactu y el detrimento de las bonificaciones de la Seguridad Social también son factores influyentes. La presidenta del organismo indica que esas deducciones “rondan el 14% de los costes salariales”.
Asegura que todo ello conlleva un menoscabo en los beneficios “especialmente en ámbitos como el del comercio, la hostelería o los servicios”. Expresa que ello supone la reducción “de los márgenes” de los profesionales del sector y que, por tanto, “invierten y contratan menos” al mismo tiempo que “asumen más riesgos para sobrevivir”.
A corto y largo plazo
Las personas que se dedican a los negocios en la ciudad tienen en mente algunas preocupaciones de cara al 2026. A corto plazo les turba que cada vez “sea más caro” tener empleados. “Muchas empresas no pueden subir precios porque perderían clientes, así que el coste lo asume directamente el empresario”.
El temor que las bonificaciones a la Seguridad Social “desaparezcan” también se une a esa lista. “Hasta ahora ayudaban a compensar las dificultades de trabajar en Ceuta”, añade. “Si se pierden finalmente, para muchas compañías sería directamente inviable seguir adelante”, menciona.
A medio tiempo, sus directivos y propietarios les intranquiliza “la sensación de que cada año hay nuevas normas y más papeleo. Sienten que pasan más tiempo haciendo trámites que atendiendo a clientes o mejorando. Eso acaba desanimando”, subraya.
La preocupación con vistas a un futuro es “el modelo económico”, en concreto, que la ciudad “dependa demasiado de lo público” lo que, a su juicio, lleva al tejido productivo a estar bajo los cambios y decisiones de diferentes gobiernos. “Vivir solo de ese sector no da seguridad ni a los que están aquí ni a quien podría venir a invertir”, incide.
Los más afectados
Reconoce que, en todo este panorama, los más afectados son los autónomos. “Son los primeros en notar cualquier subida”, relata. Ello ocurre porque “no pueden subir los precios” para no quedarse sin clientes.
A todo ello se suma la propia condición de estos empresarios. “Este trabajador paga su cuota todos los meses gane o no dinero. Si tiene un mal mes, la cuota llega igual. El que ejerce su labor por cuenta ajena cotiza en función de su salario y es la empresa la que asume la mayor parte del gasto. El primero sí que carga con todo el riesgo desde el primer día”.
Cuando tiene que darse de baja “en muchos casos cobra tarde, poco y su negocio se queda parado”. Si se queda en un estado de desempleo “es, en la práctica, ridículo”, expresa. “Se exigen muchos requisitos para acceder al paro, la duración es limitada y la cuantía baja”, especifica.
“Hartazgo generalizado”
“El mensaje que reciben es claro: cada vez se les pide más y se les protege menos”, comenta con contundencia. “La manifestación que se vio aquí no es una casualidad. Es el reflejo de un hartazgo generalizado y de la sensación de que el sistema no es justo con quienes sostienen gran parte de la economía local”, expone.
Considera que, en este sentido, deben unirse y utilizar “los cauces que ya existen” para obtener un cambio. “Si quieren que las reivindicaciones salgan adelante, hay que usar las organizaciones creadas para defender al colectivo y trabajar de forma constante”, estima. “Si esos canales no gustan, se cambian, pero que no se queden mirando”.
Los negocios de mayor tamaño también son testigos de impactos que, en su caso, “se multiplican” al contener más personas en sus plantillas. Campos recalca que, en este sentido, es conveniente plantearse la inclusión del plus de residencia en las nóminas de ciertos terrenos profesionales y oficios. Desde su perspectiva, esta solicitud puede hacer que Ceuta se convierta en un lugar menos atractivo para el inversor en comparación con la Península por los costes.
Situación actual
Aunque todavía está por ver en qué desembocarán las medidas a ejecutar en este 2026, el escenario actual tampoco es halagüeño, al menos según la presidenta de la CECE.
“Las empresas están, en general, aguantando. La mayoría no piensa ahora mismo en crecer o en abrir nuevos establecimientos o vías, sino simplemente en seguir abiertas, pagar sus gastos y mantener a sus trabajadores”, narra.
“El día a día se ha vuelto más complicado y muchas decisiones importantes no dependen de ellas, lo que genera dudas y hace que muchos prefieran no arriesgar”, señala. Sin embargo, sí que admite que existen casos en los que los propietarios tratan de adaptarse y modernizarse para tener servicios más eficientes por menos dineros. “Algunas están creciendo, pero, hay que decirlo claro. Son las que menos”, afirma.
“Esto es preocupante porque las grandes compañías de mañana empiezan siendo pequeñas hoy. Hay talento, ganas de trabajar y buenas ideas en Ceuta, pero estas iniciativas suelen buscar lugares donde haya un plan claro de futuro”.
Opciones para mejorar
Campos considera que, para mejorar, es importante tener un rumbo fijo marcado. Es por ello por lo que pone de relieve el plan estratégico en el que está inmersa la confederación en conjunto con otros agentes locales.
“Este se basa en sentarse todos a la misma mesa, es decir, tanto la Administración como los empresarios, los trabajadores y la sociedad en general. La finalidad es establecer un modelo para alcanzarlo dentro de 10 o 15 años”, incide.
Ello en la práctica se traduce a elegir los sectores a potenciar, ver dónde se quiere generar empleo, pensar qué tipo de negocios se busca atraer hasta la ciudad e implantar una formación necesaria para los jóvenes.
El proyecto no solo involucra al pilar financiero, también recoge aspectos como la vivienda, la educación o la innovación, según aclara. “No se precisa de milagros para que las empresas mejoren. Hace falta un plan compartido, claro y a largo plazo”, concluye.








El artículo es un ejercicio de victimismo rancio que no aporta absolutamente nada. Decir que las ganancias de Navidad sirven para pagar facturas no es una denuncia, es la confirmación del fracaso de un empresariado acomodado y de unas organizaciones incapaces de ofrecer un diagnóstico serio. Sin datos, sin autocrítica y sin propuestas, el texto se limita a culpar al entorno mientras esquiva el verdadero problema: un modelo económico agotado, dependiente y sin ambición, sostenido por discursos vacíos y titulares facilones que normalizan la precariedad en lugar de combatirla.
Pues ya tenéis algo en común con vuestros trabajadores que estamos esperando que cobrar la extra para pagar recibos atrasados. No lloréis tanto, siempre hablando de vuestras pérdidas pero el negocio no cierra.