Bailar es expresar. Es reflejar también la personalidad de una época. A día de hoy en un mundo lleno de coreografías de Tik Tok y con un amplio abanico de modalidades, moverse como lo hacían en el medievo parece impensable. Sin embargo, en Ceuta existe esa posibilidad.
El III Festival de música y danzas históricas de la ciudad llega este octubre cargado de actividades. La gran novedad de este año son tanto un taller como un curso sobre esta disciplina en la Edad Medieval y en el periodo del Quattrocentro.
Ambos eventos cuentan con un aforo máximo de 30 personas. Los interesados disponen hasta el 25 de septiembre para apuntarse. Deben rellenar un formulario en la dirección web www.mediterraneodeculturas.org. Los días 17 y 18 del siguiente mes se celebra el primero. Las jornadas 25 y 26 el segundo.
La razón de la que surge esta idea dentro del programa parte de un interés. Francisco Javier Sánchez, presidente del Instituto Mediterráneo local, propuso la incorporación de la modalidad para este 2025.
La participación de la Asociación de danzas circulares ‘Tingitana’ ha sido fundamental para lograrlo. Los integrantes de la entidad, encargada de los talleres de baile en el mercado medieval, han aportado su grano de arena para hacerlo realidad.
Tienen conocimiento acerca de cómo eran ya que, para ofrecer su aprendizaje, antes se han documentado tanto a nivel teórico como práctico. El equipo que conforma la organización no es en esta ocasión el responsable de impartir las clases en el festival. La tarea queda en manos de profesores de la Península traídos hasta el otro lado del Estrecho.
Present Rico, coordinador de la actividad, sabe de primera mano cómo eran estas coreografías. “Eran, sobre todo, colectivas y sencillas. Se hacían en círculo, en cadenas o en fila. Todos podían participar”, explica.
“Algunas eran solemnes y religiosas. Estaban ligadas a un dogma. Otras eran más festivas y alegres. Eran usadas para animar mercados, ferias y celebraciones. Sin embargo, en las cortes servía para mostrar elegancia y prestigio”, concreta.
De hecho, en los palacios la nobleza las practicaba para mostrar elegancia y reforzar su posición. A veces, en procesiones, también estaban presentes, pero con un carácter devocional. Al otro lado de la balanza, en el pueblo, estas se constituían como un espacio de encuentro y de “alegría compartida”.
Esta expresión corporal se presentaba en ese momento histórico como un canal de unión y de festejo. Eran, por así decirlo, las redes sociales en el presente. Eran un puente hacia el cortejo, un encuentro entre jóvenes y una forma de fortalecer al grupo, sobre todo, porque eran bailadas entre todos los asistentes.
El Quattrocento también vivió su propia manifestación artística en todos los sentidos. La danza tampoco fue una excepción. Las coreografías propias de este periodo también son enseñadas durante el festival.
Fue en ese momento cuando el estilo sufrió algunos cambios. Empezó a transformarse y abandonar su papel en comunidad. “Empezó a convertirse en un arte más refinado y cortesano”, cuenta Rico.
“Combinaban partes lentas y solemnes con otras más vivas y ligeras”, incide. Ello plasma el ideal renacentista basado en el equilibrio y la armonía. A lo largo de esta fase el hecho de dejarse llevar por la música y moverse era un “signo de distinción, cultura y cortejo”. Es más, llegó a ser un auténtico lenguaje social.
Rico considera que entender cómo funcionaba esta disciplina y cómo se recreaba es importante para “valorar el patrimonio histórico y artístico de nuestra tierra” en la actualidad.
Asimismo, formar parte de estos talleres permite “conectar con la música y el movimiento que forman parte de nuestras raíces”. Bailar también concede otros beneficios más directos como la mejora de la coordinación, del ritmo y de la memoria. Todo ello contribuye al bienestar físico y emocional.
“A nivel social, crea espacios de reunión y convivencia donde personas de todas las edades pueden compartir una actividad común. Así, se refuerza el sentido de la comunidad, como en el medievo, donde se danzaba junto a los demás”, menciona.
“Aprenderlas aporta cultura, salud y comunidad. Crea un nexo entre pasado y el presente a través del movimiento”, expresa. Es por esta batería de motivos por los que invita a la ciudadanía a participar en los eventos propuestos.
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