Ya en verano, 6 meses antes, las administraciones comienzan a vender sus décimos...¿Y si toca aquí? Pues a comprar algún décimo por si suena la flauta.
Las colas de Doña Manolita siempre son noticias, sus números son vendidos por todo el mundo mundial y la misma suerte es tener uno de esos décimos en la mano.
Participaciones, la lotería que se vende en el curro, en el bar en el que desayunas todos los días, en la pescadería, en la frutería, en la carnicería, en el kiosco, en la parroquia, en el club de tu equipo de fútbol, en las asociaciones de todo tipo... Es la lotería de navidad.
Es posible que este acontecimiento sea lo único que se ha conservado intacto en los recuerdos: la alegría de los premiados, las lágrimas de la fortuna, la sidra, el Champagne, los abrazos, los saltos y los brincos, los que no saben los décimos que llevan, los pobres que salen de pobres, los parados, los que ganan una miseria: todos menos los ricos; ellos se quedarán como estaban, no son noticia en los telediarios.
Luego las supersticiones: pisar una mierda, que te pique la palma de la mano, la suerte de la fea la guapa la desea, el amuleto, el vientre de una embarazada, la cabeza de un calvo o un sueño en el que ves el premio.
Ahora los anuncios que nos tocan el alma: risas, lágrimas, encuentros, nostalgias, solidaridad, toneladas de bondad, alegrías de todo tipo y de toda clase y anécdotas a raudales.
Preparen los pañuelos, lloren desconsolados, crean en el ser humano y ,sobre todo, en la diosa fortuna.
Luego las frases publicitarias, una especie genio de la lámpara que te concederá tus deseos:
“El mayor premio es compartirlo”.
“Si sueñas, Loterías".
“¿Y si cae aquí?”.
“Cada Navidad, tus sueños juegan aquí”.
“El Gordo no entiende de crisis”.
“Hay mucho que celebrar, incluso en los tiempos difíciles”.
“La ilusión no tiene precio”.
“Cuando compartes, todo es más fácil”.
“El premio que une a todos”.
"Más que un número, es una tradición”.
“Cada número tiene una historia”.
“¿Y si no nos toca?”. También la sociedad se vacuna para seguir creyendo en la suerte:
Al menos tenemos salud.
Nos ha tocado perder.
En mi caso Hacienda no me va a quitar nada.
Lo que sí que va a tocar es la alarma temprano como cada mañana.
El Niño me toca seguro.
Podrían habernos tocado cosas peores.
Lo que me ha tocado es seguir yendo a trabajar el lunes.
Por lo menos nos tenemos los unos a los otros.
El año que viene no compro ni un décimo y así recupero el dinero
He estado a punto. No me ha tocado por un número.
No me ha tocado a mi, pero, por lo menos, tampoco le ha tocado a mi cuñado.
Así, todos felices y contentos, ahora toca romper décimos y decir entre fuentes: ya no me gasto ni un euro.
Yo apuesto por este eslogan:
“Lotería de Navidad: el niño Jesús toca a tu puerta”.






